El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es más que lavarse las manos, sustenta el psicólogo Leopoldo E. Arosemena. Y recuerda que esa es una de las manifestaciones más comunes, aunque también hay otras, como las compulsiones por seguridad, en las que el individuo evita hacer todo lo que puede representar un peligro para él, como usar objetos punzantes, cruzar la calle, enchufar algún electrodoméstico, etc.
También hay quienes sienten una necesidad incontrolable por coleccionar todo tipo de objetos sin valor, como periódicos y papeles, o que viven atrapados en un sentimiento de inseguridad que los lleva a inspeccionar una y otra vez las ventanas, puertas, hornos, armarios y grifos.
Otros se dejan llevar por los pensamientos negativos que resultan perturbadores, se levantan y duermen pensando en que todo saldrá mal. Incluso, pueden hacerse en sus mentes historias completas de cómo sucederá cada hecho. Este trastorno, según Arosemena, ya no es un comportamiento físico repetitivo sino mental.
Jonathan Lasso, de 34 años, es paciente de Arosemena y padece este último trastorno.
Lasso relató que desde los 14 años ha vivido con esa angustia que le impedía participar de cualquier actividad con sus compañeros, como ir a fiestas o jugar fútbol. Incluso, montarse en el automóvil de alguien era un problema, porque no podía apartar de su mente las diferentes formas en que podía terminar en un suceso fatal.
Prefería estar en su cuarto la mayor parte del tiempo, porque era el único lugar que él había acondicionado para reducir riesgos, por ejemplo no tenía artefactos electrónicos y velaba porque estuviera lo más despejado posible.
Cuenta que hace dos años empezó a recibir ayuda médica y ha logrado controlar en un alto porcentaje su obsesión, pero agrega que esta consciente de que para su problema no hay cura definitiva, por lo que ha conversado de su problema con sus familiares y allegados. "Dejaron de ser entes críticos que me hacían hundirme más en mi problema para ser figuras de apoyo".
En este sentido, el doctor Roberto Mendoza opina que el apoyo familiar ejerce un papel muy beneficioso sobre los pacientes con TOC. Advierte que deben evitar verse envueltos en las obsesiones y compulsiones del paciente, como participar de sus rituales, ya que eso solo refuerza su conducta patológica.
Se recomienda tener una relación normal con el afectado, con el fin de disminuir el impacto de su conducta, y procurar documentarse de la dolencia para conocerla y estimular al enfermo a buscar ayuda y aceptar el tratamiento.
