¿Le gustaría tener como mascota un cachorro de jaguar? ¿Qué tal un raro loro? El comercio de animales salvajes en México amenaza a algunas de las especies exóticas con mayor riesgo de extinción.
En el mercado de Sonora, un bullicioso centro de comercio popular en el corazón de la ciudad de México, comerciantes venden ilegalmente animales, al lado de puestos de hierbas exóticas y medicamentos tradicionales.
Afuera del mercado, una multitud rodea a un hombre que asegura tener poderes mágicos, quien saca una serpiente de un saco y le permite morder su dedo para luego derramar la sangre sobre un mazo de cartas de tarot.
En el interior, en sus intrincados corredores, el conservacionista Juan Carlos Cantú se estremece cuando un vendedor retaca en un jaula a un raro pájaro.
El ecologista se encuentra rodeado por puestos atestados con loros de cabeza amarilla, boas y monos ardilla. Los dueños de los locales aseguran que pueden conseguir cualquier animal y entregarlo hasta la puerta de tu casa, inclusive jaguares y cocodrilos.
"Es imposible tener una autoridad que esté presente a la hora de capturarlas. Tendría que tener un ejercito", susurró Cantú mientras se abría paso entre los puestos.
A solo unos metros, se encontraba parado un policía, aparentemente despreocupado por el comercio ilegal.
Lo que más preocupa al grupo de Cantú, Defenders of Wildlife -con sede en Estados Unidos-, es el comercio masivo de loros.
México, que cuenta con unos de los ecosistemas más ricos y diversos del mundo, tiene 22 tipos de loros, de los cuales la mitad está en peligro de extinción, y todos, salvo dos, están protegidos. Algunas especies tienen menos de 10 mil aves. Defenders of Wildlife calcula que el año pasado se capturaron ilegalmente en México unos 80 mil loros. Cantú dice que un 80% mueren antes de ser vendidos.
En México es ilegal vender especies protegidas o exportar loros, pero las leyes son ignoradas.
En las décadas de 1970 y 1980, la mayoría de las aves de México vendidas ilegalmente eran contrabandeadas a través de la porosa frontera con Estados Unidos, muchas veces almacenadas en tubos de cartón y drogadas con tequila.
Actualmente, la disminución de la población salvaje, una mayor demanda doméstica y una vigilancia fronteriza más estricta, hace que el 90 % de los loros se vendan dentro del país, en mercados y por vendedores callejeros. Como el narcotráfico. El contrabando de animales es apenas visto como un delito en México, dijo Cantú, donde todos, desde los policías municipales hasta los jueces, cierran los ojos ante el hecho.
