Cada cierto tiempo nace un best seller. Esos libros de los que todos hablan y las casas productoras se pelean por tener sus derechos cinematográficos. En su tiempo lo fue el El código Da Vinci del estadounidense Dan Brown, y uno de los más recientes, 50 sombras de Grey de la británica E. L. James. Ahora es el turno de La chica del tren, de la también británica Paula Hawkins. Un thriller psicológico que es casi imposible no comparar con Pérdida, de la norteamericana Gillian Flynn.
Rachael, quien tiene problemas con el alcohol, atraviesa una difícil situación y además está vinculada en un posible asesinato. Ahora debe encontrar respuestas que la salven, tratando de evitar que su vida se termine de desmoronar.
Antes de leerla, desconocía la fama que precedía a esta novela, por lo que comencé a leer sin ningún tipo de expectativa y mi primera impresión fue que quería bajarme de este tren en la primera estación.
De la autora
Con un comienzo lento, que en realidad no mejora al pasar de las páginas, y personajes apáticos, que quizás fue la intención de la escritora mostrarlos más reales y apartarlos de los clásicos -en lo personal, no ayudó a aumentar el interés por conocer sus desenlaces- La chica del tren (2015) es una de esas novelas que no puedes evitar preguntarte ¿por qué es tan famosa?
A través de sus protagonistas, Hawkins habla sobre vidas insatisfechas, la constante búsqueda de la felicidad y cómo una meta de posible realización personal puede tener distintos efectos en cada individuo.
Una historia, contada en primera persona y desde tres puntos de vista distintos, que retrata la debilidad y miseria de sus personajes, que se aferran a lo único que creen podrán salvarlas: la ilusión del amor hacia alguien.
Quizás sea esta carga emocional lo que hace el recorrido lento. Páginas y páginas, para recordarnos que sus vidas son una calamidad. Además del equipaje de un misterio en el cual no existen caminos sin salida, curvas que nos sorprendan o pistas falsas con fuerza. Juega con el hecho de que hay un crimen por resolver y es casi imposible no tratar de buscar respuestas a las incógnitas que plantea, y eso no lo convierte precisamente en un libro de Agatha Christie.

Muchos describen este recorrido como un viaje lleno de emociones, misterios y sorpresas; a mí me pareció una lectura tranquila, bien escrita, pero que no me atrapó.
Este es el tren que al parecer todos quieren abordar, mientras que yo encontraba más entretenido mirar por la ventana.
