A pesar de que el cantante colombiano Carlos Vives no tiene ningún éxito pegado en la radio, su concierto del sábado en el Figali Convention Center contó con bastante público.
Casi todas las mesas del VIP quedaron ocupadas. En el área de entrada general había poca gente. Asistieron unas mil 500 personas, estimó uno de los organizadores del concierto.
En su mayoría el público estaba conformado por los miembros de la comunidad colombiana radicada en Panamá. Varios de ellos llegaron enarbolando los colores de su bandera en prendas de vestir como faldas o camisas, o lucían sus costeños sombreros "volteaos". Unos birriosos llegaron en muletas, sillas de rueda y algunas hasta con barrigas de ocho meses.
El espectáculo empezó a la hora pautada: 10:00 p.m. con el telonero Manuel Escala, quien tuvo que interrumpir su presentación por problemas con el equipo de sonido.
A las 11:15 p.m. salió la estrella de la noche, Carlos Vives, luciendo unos jeans y un suéter gris, la misma pinta del anuncio del evento, un poco gordito, pero alegre y lleno de energía.
El colombiano subió a la tarima con Déjame entrar. "Buenas noches ciudad de Panamá, buenas noches a nuestros hermanos", se dirigió Vives cariñosamente y por primera vez al público y así lo seguiría haciendo el resto de la noche entre cada una de las 20 canciones del repertorio, que duró dos horas.
El artista no solo se preocupó de lucirse él, cuidó el protagonismo de todos sus músicos y cuando estos descargaban él simplemente no dejaba de saltar. A la cuarta canción, El amor de mi tierra, ya estaba bañado en sudor.
Otro invitado a la tarima fue el acordeonista panameño Víctor Patinon, llamado cariñosamente por Vives, 20-20.
Otros de los éxitos que cantó fueron Pa’Mayté, Carito, Ella, La tierra del olvido y Como tú, con la que cerró.
Sin embargo el concierto se vio empañado por los problemas con el equipo de sonido. Si Vives no tenía cuidado y se alejaba demasiado de sí el micrófono se producía un feedback horrible, y el eco en la parte de atrás dañaba las canciones. En varias ocasiones la voz del artista se desvaneció, pero él siguió gozando su espectáculo, solo lo detuvo en una ocasión, cuando se dañó el micrófono de su acordeonista: "Disculpen. Yo estoy dispuesto a hacer lo que ustedes quieran", dijo. "Yo pensé que este problema se podía arreglar antes del concierto, pero tiene que ser durante, debe ser una moda". El público tampoco se molestó. Vives tomó prestado un sombrero pintao para presentar a su novia, la modelo Claudia Elena Vásquez, quien lo acompaña en su gira.

