Con la estación seca, llegan los fuertes vientos alisios, que soplan del NE sobre nuestro istmo. El efecto, en parte del litoral Pacífico, es que causa oleajes mayores y empuja las cálidas aguas superficiales del golfo de Panamá (en Montijo y Chiriquí el efecto es menos intenso y marcado) hacia mar afuera.
Este desplazamiento de las aguas superficiales inicia una corriente ascendente de las aguas profundas fuera de la plataforma continental frente al golfo, desde Darién hasta la península de Azuero, para reemplazar las aguas desplazadas. Este evento oceanográfico se conoce como “afloramiento”. Las aguas “afloradas” se enfrían hasta 15°C o menos (60°F ). Lo más significativo de estas gélidas aguas es que transpor- tan nutrientes esenciales para el fitoplancton, la base de toda la red alimenticia de los océanos, resultando en una inmen- sa productividad biológica en el golfo de Panamá.
Esta cadena de acontecimientos culmina con la aparición cíclica de los grandes cardúmenes, siendo la base de nuestra pesquería comercial uno de los mayores aportes económicos nacionales. La marcada variación de temperaturas anuales impide que existan y se desa- rrollen los organismos necesa- rios para conformación de los arrecifes coralinos, que debieran proliferar en nuestras aguas tropicales del golfo de Panamá.
Los arrecifes coralinos en esta zona son, por lo tanto, escasos y poco variados. Inversamente, aunque en el litoral caribeño hay una mayor diversidad de peces, son más pequeños y menos abundantes los individuos de cada especie y, en su mayoría, asociados a los arrecifes.
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