Para una inmensa mayoría, la Residencia de Estudiantes de Madrid que ahora cumple 100 años evoca a esos extravagantes genios en ciernes, Lorca, Buñuel y Dalí entre otros.
Aquellos que en 1926 practicaban la moda del “sinsombrerismo” por la Puerta del Sol, a riesgo de ser detenidos por llevar la cabeza descubierta, o fundaban la insólita “Orden de Toledo”, que imponía una noche anual de solitaria borrachera por esta ciudad.
Pero la Residencia, como recuerda su directora, Alicia Gómez- Navarro, fue mucho más, “un concepto de la educación como un todo, un lugar donde no sólo se transmitían saberes sino que se formaba al individuo, con inspiración en los college ingleses”.
Es decir, un centro abierto a la creación, el pensamiento y el diálogo interdisciplinario donde se lleva a cabo un intercambio permanente de ideas científicas y artísticas.
No en vano, fruto de esta doble vertiente la entidad cuenta con dos premios Nobel entre sus habituales, el de Medicina y Fisiología a Severo Ochoa (1959) y el de Literatura a Juan Ramón Jiménez (1956).
En su etapa dorada, hasta su desaparición en 1939, por sus aulas y laboratorios convivieron como alumnos, profesores o conferenciantes figuras como Lorca, Buñuel, Dalí, Ochoa, Jorge Guillén, Juan Negrín, Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, Manuel de Falla, Pedro Salinas, Blas Cabrera o Rafael Alberti.
Por no hablar de Albert Einstein, Marie Curie, Igor Stravinsky, John McKeynes, Walter Gropius, Henri Bergson o Le Corbussier.
“Fue un ensayo en el que se combinó lo mundano y lo intelectual”, definió el ambiente de la institución uno de sus habituales, el mexicano Alfonso Reyes.
La creación del que se considera “el primer centro cultural de España” fue aprobada el 6 de mayo de 1910 en un real decreto promovido por el gobierno del Conde de Romanones, a instancias de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas.
Sus principios pedagógicos reformistas se basaron en la Institución Libre de Enseñanza, creada en 1876 por Francisco Giner de los Ríos.
Desde su restauración, por su entramado de edificios pasaron, entre otros, los escritores Mario Vargas-Llosa, Raymond Carr o Pedro Laín, los filósofos Hilary Putnam y Jacques Derrida, los científicos Antonio García Bellido, Roald Hoffmann y Margarita Salas.

