Para lograr un premio como el del “III Concurso Internacional de Piano, Ciudad de Panamá”, se necesitan varias décadas de preparación.
Hay que reconocer que no solo se esfuerza el que organiza y procura que todos los detalles estén listos a tiempo, sino especialmente el concursante, quien por mucho tiempo se prepara intensamente, mental y físicamente y debe mantener un balance adecuado en la presión, los nervios, la emoción, el descanso, la alimentación y la salud.
Fernando Altamura, el segundo premio, por ejemplo, tocó con fiebre la noche de la final. Tras bastidores también ocurre algo desconocido por muchos: el trabajo de los técnicos afinadores del instrumento.
A diferencia de otros instrumentos más pequeños y de menos cuerdas como el violín o la guitarra, de cuatro y seis cuerdas respectivamente, el piano tiene 230 cuerdas que solo se pueden afinar con herramientas de alta precisión. Por eso, los pianistas recurrimos a técnicos especializados en este arte.
El piano que usaban los pianistas era preparado diariamente dos horas antes del evento y retocado entre cada competidor.
Jinjing Wang fue escogido campeón de esta competencia, presea que obtuvo merecidamente en una larga –cuatro exigentes pruebas– y cerrada contienda.
Lejos de estar en la popularidad de otros concursos que vemos hoy día en la televisión, el premiado no depende del apoyo del público, sino de su propio esfuerzo, constancia, disciplina y sobre todo, mucho estudio.
Otro de los vencedores fue el maestro Jaime Ingram y su esposa Nelly, quienes han logrado llevar exitosamente esta monumental empresa, no una, ni dos veces, sino tres veces. Esperamos ansiosos que la cuarta sea una realidad en 2010, año Chopin.
El Gobierno aprovechó la ocasión para condecorar durante el acto de premiación del Concurso, a Nelly Ingram con la orden Vasco Núñez de Balboa, en el grado de Gran Cruz y a Jaime Ingram con la orden Manuel Amador Guerrero en el grado de Gran Cruz.
Los nueve finalistas tocaron la noche de la premiación, una pieza cada uno. Demostraron una vez más, que el jurado tuvo que dar un difícil veredicto.
(El autor es profesor titular de piano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá).
VEA La era para el piano

