Mónica Gómez * no extraña aquellos días de verano en que frecuentaba la playa para así mantener su bronceado. Desde que inició la estación lluviosa recurrió al solarium, conocida también como cama o cámara de bronceado.
Con el cabello recogido y optando por exponerse sin traje de baño, se aplica bloqueador en la cara y una crema aceleradora en el cuerpo, especial para la cama, que estimula la producción de melanina, una proteína de la piel que, además de darle el tono, la protege.
"Solo salgo un poco acalorada, pero me gusta porque es una quemada de verdad", dice.
La cama de bronceado es una máquina que cuenta con unos 30 tubos de luz en sus paredes, que emiten rayos ultravioletas (UV) sobre la piel expuesta, dice Odalys Guerra, de la clínica estética Stay Fit. Agrega que el efecto de bronceado dependerá del color de piel y de la frecuencia de las sesiones a la cual se ha sometido la persona, con una duración máxima de 20 minutos en algunas máquinas.
Guerra alega que no todas las pieles se tratan por igual. "Con cinco sesiones, la piel blanca logrará un color base, mientras que una trigueña logrará un bronceado más pronunciado que la primera, y una piel ya bronceada, con cinco sesiones, logrará mayor efecto aún".
Mary Guzmán, de la estética Sun and Body, no recomienda abusar de la cama bronceadora. Apunta que lo óptimo para comenzar el tratamiento es someterse poco tiempo a la máquina y realizar dos sesiones máximo en la primera semana. Incluso, cuando ofrece sus servicios le aclara a sus pacientes que la cama bronceadora irradia UV de forma muy similar al sol, y que estos son perjudiciales para la salud (*el nombre fue cambiado).
Vea Una piel bronceada y protegida

