En Panamá hay un recóndito pueblito llamado Coclé del Norte, que curiosamente no está ubicado en la provincia de Coclé, sino en la provincia de Colón, en la costa.
Sus habitantes, no más de 500 familias, son colonenses sin rasgos afroantillanos, sino más bien campesinos.
Quien los buscara en un mapa sentiría que están desamparados, lejos del resto del mundo, de frente al Atlántico y dándole la espalda al Parque Nacional Omar.
Pero la realidad es que ellos viven felices alimentándose del mar, de sus crías de gallinas y de las cosechas de ñame y yuca que cultivan durante todo el año. Viven en un paraíso privado de bosques y playas vírgenes que a los ojos de los aventureros foráneos es ideal para acampar, pescar, practicar senderismo, surf o simplemente para meditar. No lo comparten, no por egoísmo, sino porque nadie llega a visitarlos (de ahí la escasez de sitios para hospedarse, solo están Las Bahías, que cuesta 50 dólares la noche. Tiene cuatro cabañas/habitaciones con baños con agua potable), y es que llegar a Coclé del Norte es una odisea; para empezar no existe carretera que lo alcance, pero se puede ir por aire en helicóptero. Se alquila uno a 400 dólares la hora, y eso es exactamente lo que toma el recorrido de ida; o se puede llegar por trasbordo con cayucos.




