Entre el mar y los edificios renovados del barrio de San Felipe, se mantiene imponente una estructura que el tiempo y las circunstancias han sabido debilitar, pero no ha causado su desaparición.
Hubo una época, alrededor de 1917, en la que entre las paredes del Club Unión se desarrollaban bailes, cenas y eventos de la clase alta de un país que se erguía sobre sus propios méritos, luego de separarse de Colombia.
Eventualmente, la ciudad se expandió y la elite dejó atrás el Casco Antiguo. En 1969, aquella estructura con imponentes arcos, una increíble vista al mar, y la única piscina en el área, quedó abandonada.
Pero aquello cambió, relata Judith Martínez, guía turística de la Oficina del Casco Antiguo, cuando la dictadura militar se apropió del edificio, lo bautizó como el Club de Clases y Tropa, y lo volvió el centro de sus principales actividades de entretenimiento.
En 1989, cuando Estados Unidos invadió el país, esta estructura recibió el impacto de la artillería extranjera, ya que se pensaba que en ella podía estar refugiado el dictador Manual Antonio Noriega, dijo Martínez.
Este imponente inmueble, al que los años le ha otorgado un tipo distinto de majestuosidad, está hecho a partir de calicanto, explica Martínez, una mezcla de arena, cal y guano (excremento de ave) .

