Preparar una alcachofa es fácil, pero tedioso. En primer lugar, si la compras fresca adelgazarás, porque desde el momento en que te pones a preparar la flor hasta que te la comes, es una victoria pírrica.
Te pasas tanto tiempo cortando, pelando, podando, raspando y rumeando, que a la hora de los mameyes se pasó el día y no te has comido nada.
Pero primero, voy a describirte la mata y sus virtudes. Es una perenne que crece con un floripondio grande arriba y varios chiquitos en las ramas laterales.
Tiene grandes virtudes alimenticias, contiene potasio, calcio y fósforo, y vitaminas B1, B2 y C, pero lo más importante es que tiene una cosa que se llama cinarina, que tiene capacidad de aumentar la secreción de bilis (como si entre la torre financiera y el relleno del Casco ya no lo tuviera por las nubes), y lo bueno: es un diurético.
También tiene esteroles, que limitan la absorción del colesterol en el intestino (esto es bueno, con el precio de los medicamentos).
Los naturistas la usan contra la anemia, diabetes, estreñimiento, gota y reuma. Así que ¡a comer alcachofas se ha dicho!
¡Ah!, tiene montones de fibra y, además, sus flores contienen un fermento que sirve para cuajar la leche.
VEA Recuerdos de alcachofa
