En nuestro continente usamos limón y lima para casi todo, pero para los ceviches solemos preferir el criollo chiquito (lee hoy a Aristóloga en las cevicherías del Mercado del Marisco).
No obstante, para otras cosas más, el limón es maravilloso. La cáscara del limón es más fácil de rallar que la de la lima, y más delicada. Añade un toque maravilloso a merengues, postres, aliños, etc. En cuanto al jugo, aunque muchas veces se usa indistintamente variando la cantidad debido a que el jugo de lima es más fuerte que el limón, hay ciertos platillos que sí se destacan por el uso de uno o del otro.
En primer lugar, la grandísima diferencia entre los dos tipos básicos de pastel de limón: el que se hace con limas criollas y leche condensada es, realmente, el Key Lime Pie, y el otro, el que lleva un cuajo de yemas con jugo de limón colmado de merengue de clara batida, ese es el Lemon Meringue Pie.
Otros usos del limón, indiscutibles: un poquito sobre aguacate o frutas picadas, como manzana o pera, evita que se descoloren, o mejor dicho, que se oxiden, ya que eso es justo lo que pasa, la razón por la cual una manzana se va poniendo oscura cuando su pulpa entra en contacto con el aire, su contacto con el oxígeno comienza la reacción antedicha.
Hay mil maneras de usarlo, pero el campeón sentimental mío es el pie de limón que hacía mamita.
En el recetario aparece el pie, pero tienes opciones para la concha o costra, hacer una en casa, de las tradicionales o con galletas María trituradas, o comprarlas congeladas en el súper.

