¿Cuál es el mayor miedo de un padre: la muerte de un hijo o la incapacidad de no poder protegerlo? Para los que nos encontramos ajenos a ese rol, solo podríamos asumir una respuesta o tratar de imaginar el sentimiento de angustia de encontrarnos en alguna de esas dos opciones.
Y es que hay algo que casi nunca mencionan cuando se habla de la paternidad o maternidad: el temor de hacer algo mal.
La autora argentina Samantha Schweblin utiliza precisamente ese sentimiento para darle forma a su novela Distancia de rescate, y logra no solo hacerlo vívido para aquellos que ya son padres, sino para cualquier lector que decida darle la oportunidad a este triller de suspenso.
Esta novela corta, cuyo formato de narración es una conversación entre una mujer adulta y un niño, revive los incidentes de una pareja de esposos y su hija en un pueblo en el interior de Argentina, donde llegan buscando descanso y se encuentran con pesares que los harán cuestionarse sobre si realmente existe una forma de mantener a los seres queridos a salvo.
A razón de esto, es sencillo congeniar con Samanta, protagonista de la obra, quien es una madre que cuida de su pequeña Nina, se podría pensar que de forma casi obsesiva, y se verá enfrentada contra la realidad de que no importa cuánto lo intente, no siempre podrá estar allí para salvarla.
Pero el libro no solo toca los peligros exteriores a los que los seres que amamos pueden estar expuestos. También habla de los cambios internos. Cuando alguien que conocíamos se va convirtiendo en otra persona, en una que no podemos reconocer o entender, y los miedos que pudieran llegar al sentir que quizás no podamos volver a reconocerlos nunca más. Si tomamos nuevamente el ejemplo de los padres, podríamos enfocar este punto en la adolescencia, cuando los chicos dejan de ser inocentes y presentan cambios tanto físicos como mentales, llegando a hacer sentir a los progenitores como si se encontrasen frente a un extraño.
Es una historia asfixiante, tanto por la situación que desarrolla como los personajes que luchan durante todo el recorrido por volver a ese punto de partida, donde tenían el control de la situación o donde podían escoger un camino distinto al ya tomado.
Y aunque debo admitir que me recordó un poco a Cementerio de Mascotas de Stephen King y a veces encontraba la lectura un tanto confusa por la forma como está construida, la novela logra sobresalir por la sensación de inseguridad que produce.
Al final, Distancia de rescate no es más que un recorderis que no importa cuánto lo intentemos, no siempre podemos estar allí para socorrer a alguien más y que quizás a veces olvidamos lo más importante: para defender a quien amamos, primero debemos protegernos a nosotros mismos.
