Stanley Jordan parecía poseído por un poderoso talento. Exprimía la guitarra en sus manos, extrayendo de ella la mejor calidad de notas posibles, con abundantes expresiones en su rostro, acompañadas de mucho feeling.
Sus compañeros en el bajo y en la batería también hicieron una excelente demostración de talento durante el cierre del Panama Jazz Festival, el sábado pasado, en la Plaza de la Catedral.
"Buenas noches, gracias por venir", dijo en español el artista, quien presentó a sus músicos y se dirigió en español varias veces al público.
El estilo de Jordan es muy particular y está marcado por la forma de presionar las cuerdas, con lo que consigue sonidos como si se tratara de más de una guitarra. En algunas piezas, tocaba con una mano la guitarra y con la otra, las teclas del piano. Incluso, con una botella de agua en la mano, seguía tocando la guitarra con la mano libre.
Jordan se trepó en una bocina y, con mucha inspiración, empezó a mandar sus notas al aire.
El músico, graduado en Princeton en 1981 en música y armonía, lanzó su álbum debut, titulado Magic Touch en 1985, y obtuvo dos nominaciones a los premios Grammy. Hoy estudia terapia musical en la Universidad Estatal de Arizona, estado donde reside.
"Stanley, Stairway", le gritaban varios muchachos y algunos roqueros de varias décadas atrás, algunos de pie, y otros sentados en sillas plegables o en el suelo, quienes le pedían que interpretara el clásico tema de Led Zeppelin, Stairway to Heaven, que el músico había tocado la noche anterior en el Centro de Convenciones Atlapa. Esa noche, además de dedicar un tema "a los niños que se acuestan sin comer", Jordan tocó la guitarra con las dos manos y también con la barbilla, lo que impresionó mucho al público, que al final del concierto lo ovacionó de pie.
En la Plaza de la Catedral, cuando parecía que el trío se iba a retirar, el público insistía en que regresara y le gritaba: "Otra, otra" y "Stairway". Entonces, Jordan regresó, sonrió y, para deleite de los asistentes, comenzó a presionar las cuerdas con las notas de la canción que tanto le habían pedido.
Aproximadamente a las 11:00 p.m. culminó el concierto. Jordan, con el suéter sudado, sonreía, visiblemente complacido por la acogida del público. La mayoría de la gente empezó a caminar por las estrechas calles, pero algunos se quedaron esperando que el músico bajara de la tarima para pedirle unautógrafo y tomarse fotos.
