Italia repasa la historia de la pintura a través de las flores con “Fiori, natura e simbolo, dal Seicento a Van Gogh”, una exposición que reúne, en la ciudad italiana de Forli, al norte de Roma, más de cien naturalezas muertas que rescatan un género olvidado.
Van Dyck, Brueghel, Hayez, Delacroix, Gauguin, Monet, Van Gogh o Sorolla son algunos de los autores representados en esta exposición que podrá verse en el Museo de San Domenico de la ciudad italiana hasta el 20 de junio.
Según explicaron a Efe fuentes de la organización de la exposición, el punto de partida es el misterio de la “Fiasca fiorita”, una naturaleza muerta conservada en la pinacoteca de Forli, cuya autoría apunta a nombres como el del pintor barroco Guido Cagnacci (1601-1681/2) y a un artista desconocido que tendría como referente a Caravaggio (1571-1610).
Con una primera sala que gira en torno a las atribuciones de este cuadro, “Fiori, natura e simbolo, dal Seicento a Van Gogh” (“Flores, naturaleza y símbolo, del Seicento a Van Gogh”) recompone la historia de las representaciones florales, entre el naturalismo de Caravaggio y la modernidad de los impresionistas.
Un recorrido que pretende elevar este género a un conjunto de gran belleza estética y plantear “la atracción que para los grandes artistas de la historia de la pintura ha sido la naturaleza muerta”, asegura el comisario Alessandro Morandotti en el catálogo de la exposición.
Caravaggio fue, según Morandotti, el primer autor italiano que “restituyó la dignidad autónoma a la naturaleza muerta”, al que seguirían otros pintores del “Seicento” -siglo XVII-, que se adentraron en el género “para poner a prueba su capacidad de observación”.
Pero hasta finales del siglo XVIII, los bodegones fueron considerados obras decorativas, relegadas a especialistas, porque “la pintura tenía que educar y contar historias edificantes”, afirma Morandotti. “Pintar objetos inanimados no era digno de los grandes maestros”, añade.
Fue en el XIX cuando la representación floral adquiere un valor comercial y se convierte en una protagonista más de la pintura moderna, con los trabajos de simbolistas y pintores de la luz que otorgan una nueva significación al género.
Así lo evidencian las tres obras de Claude Monet integradas en este conjunto, que forman parte de la serie que dibujó desde su jardín de la localidad francesa de Giverny y que recrean un entorno que sus trazos hicieron misterioso, poético e irreal, donde los elementos naturales cobran vida.
No faltan lienzos de Fantin-Latour, Manet y Cézanne, de los impresionistas italianos De Nittis o Previati ni del simbolista suizo Böcklin, que están en la muestra con obras de colecciones privadas o de museos como el Ermitage de San Petersburgo (Rusia), el Thyssen-Bornemisza y el Prado madrileño.

