Si te hablara de capuli, aguaymanto, motojobobo embolsado, uvilla, vejigón, guchavo, topotopo, chuchuva, pompelmoes, apelliefie, alkekengi, coqueret, lobolobohan, teparee, makowi y poha, pensarías que son los ingredientes de una poción de amor, o de un potente veneno. Pero no ¿O sí?
Lo cierto es que todos los anteriores son sinónimos de "uchuva", una frutita amarilla, redondita, que viene encerrada en un cáliz o capacho, que por ser del orden de las plantas solanáceas es parienta del tomate y la papa (aquellos que los europeos del XVI creían venenosos) y que muy bien puede cantar canciones de amor gastronómico a quienes la aprecian como ingrediente de conservas, por su alto contenido de pectinaza; o de pasión hipocrática, a quienes le adjudican cualquier cantidad de bondades, desde purificar la sangre hasta fortificar el nervio óptico y limpiar las cataratas, pasando por disminuir la albúmina de los riñones, tener propiedades diuréticas, ser tranquilizante por su alto contenido de flavonoides, aliviar afecciones buco-faríngeas y controlar la amibiasis.
En realidad, la uchuva tiene altos contenidos de vitamina A (3 mil I.U. de caroteno por 100 g.) y vitamina C; posee algunas del complejo B, amén de que contiene proteína (0.3%) y fósforo (55%) en proporciones excepcionalmente altos para una fruta.
Es una de las cosas buenas que ha traído la migración de colombianos.
Aunque la fruta es originaria del altiplano peruano, es Colombia hoy en día la principal productora de uchuvas a nivel mundial, seguida por Sudáfrica, de donde, según algunos, viene su nombre en inglés, cape gooseberry.
El cape en cuestión sería el Cabo de Buena Esperanza; otros dicen que lo de cape le viene por el capacho que protege a la frutita, que tiene un color y tamaño similar al del jobo, aunque por sus otros rasgos es más parecida al tomatillo (Physallis ixocarpa), su pariente cercano.
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