Naranja dulce, limón agrio: todo eso aparece una y otra vez en la literatura popular, pero nadie se fija en la pobre naranja agria, como si fuera ciudadana de segunda clase del mundo de los cítricos, y, para mí, es valiosísima por la dosis de sabor que aporta a ciertos platos, como: los chicharrones de pollo o chancho, y mi mermelada favorita, que es la de naranja agria.
Todos sabemos que los jugos cítricos tienen grandes cantidades de vitamina C y antioxidantes, pero espoco sabido que su cáscara tiene aplicaciones específicas.
El British Pharmacopoeia la menciona como tónico, y sugiere utilizar su tintura para aliviar la agriera. La medicina china tradicional la usa para tratar la indigestión, las náuseas y el estreñimiento.
Actualmente, se inyecta para el tratamiento de síndromes de espasmo y espasmos anafilácticos y tóxicos.
También se usa como remedio contra los gases intestinales y como agente fungicida dérmico, y se cree que acelera el metabolismo, por lo que ha venido a reemplazar a la epinefrina en las fórmulas de pérdida de peso.
No obstante, los efectos de la naranja agria en la reducción de peso, descongestión nasal y seguridad de los pacientes siguen siendo controvertidos.
Además de ser saludable, nos anima cosméticamente: el aceite de las hojas del palo se llama petitgrain y es utilizado en varios compuestos, y el de las flores, neroli, y es muy apreciado por los perfumeros.
VEA Origen de la naranja agria

