Los jardines siempre han estado unidos a la historia del hombre, que ha encontrado en ellos un lugar perfecto para reflexionar y enamorarse.
La Biblia cuenta que Dios creó al hombre y lo colocó en el Jardín del Edén, lo más parecido al paraíso en la Tierra.
Todavía hoy mantenemos esta concepción del jardín como un rincón especialmente ideado para el disfrute.
Los jardines colgantes de Babilonia, que mandó a hacer el rey Nabucodonosor como un regalo para su mujer, llegaron a convertirse en una de las siete maravillas del mundo. Recibieron este nombre porque las plantas crecían en terrazas a diferentes niveles formando una pirámide escalonada.
UN ARCA DE NOÉ VEGETAL.
Además de exhibir plantas exóticas, los jardines botánicos juegan un papel clave en la salvación del planeta con la conservación de especies en peligro de extinción: actualmente 11 mil de las 100 mil plantas amenazadas crecen en jardines botánicos de todo el mundo, que actúan como una especie de arca de Noé vegetal.
Los jardines botánicos dotan a la ciudad de espacios verdes en los que resulta fácil aprender de la naturaleza.
Además de cuidar el medio ambiente estos jardines contribuyen al bienestar humano, promocionando remedios naturales e incluso aliviando la pobreza.
Esta faceta solidaria se ve claramente en jardines botánicos como los de Ghana y Sudáfrica, que promueven el uso de plantas medicinales para combatir enfermedades tan graves como el sida, o en el Earth Botanic Garden de Costa Rica, que comercializa con productos elaborados a partir de hierbas y plantas en beneficio de los indígenas.
