Hay países que, según sus dietas o alimentos predominantes de su cultura, son más o menos propensos a sufrir ciertas condiciones a la hora de comer.
La intolerancia a la lactosa es una de ellas, y sus síntomas son producidos por una irritación de la mucosa intestinal, debido a que el organismo no tiene o reduce la producción de la enzima lactasa, que ayuda a procesar ciertos componentes. El resultado es una serie de trastornos en el movimiento intestinal, trayendo como consecuencia diarrea y dolor, explica el gastroenterólogo Luis Miguel Arango.
Esta situación se da en las paredes del intestino delgado, órgano que absorbe los nutrientes de los alimentos y donde la lactosa –también llamada dulce de la leche– no es bien procesada por la falta de la enzima lactasa.
Y esta condición es más común de lo que se cree. Entre el 60% y 70% de las personas sufrirá alguna vez en su vida de intolerancia a la lactosa, asegura Arango.

