Ana Victoria Ríos siente que sus días no transcurren igual desde la repentina desaparición física de su hijo José Baltazar Rengifo Ríos, de 27 años.
Han pasado 21 meses desde su partida, y aún su madre y los médicos forenses no comprenden el motivo de su deceso.
La autopsia no reveló la causa precisa de su muerte, dice Ríos. “Mi hijo murió en su cama, en nuestra casa, amaneció muerto, acostado de costado, como si durmiera apaciblemente”.

Se trató de una muerte súbita, sin previo aviso. No estaba enfermo ni sufría dolencia o discapacidad alguna, comenta su madre. “No tenía ni caries, era un deportista y amaba la vida. Nadie sabe por qué se fue, ni la ciencia ni la religión tienen explicación alguna”.
Confiesa que se convenció de que su hijo había fallecido al visitar su cuarto cada mañana sin encontrarlo. “Miraba su cama perfectamente hecha, las mantas y almohadas en su lugar, su ropa ordenada, y pensaba ‘no está mi hijo', pues él lo desordenaba todo. Mi computadora se dañó y nadie la podía arreglar; él era mi asesor informático y no estaba aquí para ayudarme con la tecnología, pues él era ingeniero en sistemas”.
Entonces comenzó a escribirle cartas a su hijo con la intención de establecer una especie de canal para comunicarse con él, surgiendo así su primera obra Huérfana de hijo: atravesando el duelo.


Ahora, Ríos, quien es economista de profesión y que cursa el tercer año de la carrera de derecho, se ha animado a escribir un segundo libro para brindar recomendaciones sobre cómo procesar el duelo, titulado Para afrontar el duelo, desde la perspectiva de una huérfana de hijo, el cual está a la venta en la Feria Internacional del Libro de Panamá en el estand de Distribuidora Lewis, donde estará desde las 11:00 a.m. hasta las 5:00 p.m.
También se encuentra a la venta en los almacenes Gran Morrison.
Su intención es ayudar a otras personas a hacerle frente a sus pérdidas. “Querer ayudar a otros es la mayor motivación que tengo todos los días. Cuando recibo testimonios de personas que sienten alivio o consuelo al leer el libro, me siento tan contenta, es el mejor regalo que recibo”, comparte.
Por ello, en Para afrontar el duelo, desde la perspectiva de una huérfana de hijo, Ríos profundiza en las fases del duelo.
“Me he tomado la licencia de sugerir consejos para fluir con el duelo. Comparto lo que me ayudó a mí, y pienso que podría consolar a otros. El duelo es terrible y no depende del sufriente, no puedes hacer nada para evitarlo. Son ríos y océanos de lágrimas por derramar. Entre más amor, más dolor padeces”, describe.
En sus palabras, el duelo es un procedimiento que, según los expertos, tiene varias etapas por los que el doliente debe pasar, y el dolor se debe ir transformando, pero ello toma tiempo.

¿Cómo debe vivirse el duelo?
Aunque resulte paradójico, el duelo hay que vivirlo desde la perspectiva del amor. El duelo es amor por el que no está, entre más quieres a una persona, más sentirás su pérdida física. Hay que fluir con él, no enfrentarse a él.
¿Cómo la pérdida de su hijo trastocó las diversas esferas de su vida?
La pérdida de un hijo lo trastoca todo, tu forma de ver y hasta de vivir tu vida, con tus emociones siempre a flor de piel, el deseo de ayudar a los demás, el honrar la memoria de tu hijo; en fin, he tenido que reinventar mi vida. Ya no es lo mismo.
En estos días precisamente, un amigo le comentó a otra amiga: ‘Ana no es la misma de antes, su risa no es igual, su actitud no es la misma; ahora se ve con una profundidad, con una sabiduría de mil años’. Así es, pienso que he vivido mil años, que ahora soy más valiente, me conozco el mundo y me conozco a mí misma. Que estoy más pronta a ayudar que antes.
Tener una pérdida de esa magnitud es el sacrificio más grande que pueda existir. Gracias a mi hija, a mis nietas y a mis amistades y a los amigos de mi hijo he podido seguir adelante. Cuando uno pierde a un amado hijo, como yo perdí a José Baltazar Rengifo Ríos, a los 27 años, tres meses y nueve días, la vida de uno también se muere. Luego se empieza a recuperar, pero lentamente, con paciencia, amor y tolerancia hacia uno mismo.
¿Cómo ha sobrellevado su duelo en este proceso?
De todas las lecciones de este proceso, aprendí que la vida es breve, que los hijos también se mueren antes que los padres, y que lo más importante es ayudar a los demás, es la única forma de sobrellevar el duelo. Que es absolutamente necesario amar intensamente, amar la vida, a la familia, los amigos, los animales, la naturaleza, todo. Hay que hacer un gran esfuerzo cada día para recuperar la vida, por coger el ritmo de nuevo, pero se puede vivir con un corazón roto.
¿De qué forma escribir le ha ayudado a procesar su pérdida?
El dolor no se cura y no pretendo curar el duelo; solo pretendo que las personas en duelo se comprendan, se amen dentro del dolor, sean misericordiosos con ellos mismos y aprendan a fluir con él. El dolor no se quitará nunca, pero reaprendemos a vivir con él, aprendemos a vivir con nuestros hijos, con nuestros seres queridos que parten antes que nosotros, pero de una manera inmaterial, más cerca, más intensa, pero más espiritual.
¿Qué sugerencias brinda para afrontar el duelo?
La primera sugerencia que hago es “lloren todo lo que tengan que llorar”. Lloren con esperanza. Liberen su ansiedad y su tensión sin hacerle caso al resto de la gente que te dice “no llores pues lo vas a hacer penar, no llores porque es malo, déjalo ir…”, y cosas por el estilo. (...)
Ayudar a los demás, es otra de mis sugerencias. Cuando compartes con la gente, especialmente con las personas que han perdido hijos u otros seres queridos, te ayudas tú mismo a la vez que alivias a los demás. Saber que no estás solo en este sufrimiento, que alguien más conoce y puede comprenderte en el duelo es un consuelo.
¿Por qué está cursando actualmente la carrera de derecho?
Precisamente con mi hijo como consejero, me dijo un día: “mamá, debes hacer algo más en tus noches. ¿Por qué no vas al gimnasio o te metes a estudiar derecho? así podrías ser mi asesora legal”. Me gustó la idea y me matriculé en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá. Pues mire que me ha gustado tanto esta carrera, que soy estudiante Sigma Lambda, y estoy en tercer año, no falto nunca a las clases y participo y estudio como si tuviera 15 años. Seguir aprendiendo ha sido un gran reto para mí, pero lo hago con mucho gusto y amor.
Seguiré viviendo, hasta que Dios lo quiera. Me graduaré de abogada para defender los derechos de los demás, para ayudar, es lo que mi hijo hubiese querido, pues él ayudaba a todo el mundo; la gente lo recuerda por su generosidad, por su alegría, por su amor por los demás.
