El uso de los recursos del planeta evoluciona en función de las demandas de la sociedad. Hoy día, debido al desarrollo alcanzado por las economías emergentes y al auge de la tecnología, hay un mayor interés por los “metales raros” o “elementos de tierras raras” (REE, por sus siglas en inglés).
Estos son elementos químicos pesados que, en la naturaleza, se encuentran agrupados en minerales como la monacita y la bastnasita, y cuya extracción es difícil, costosa y poco amigable con el ambiente.
Sin embargo, por sus propiedades (magnéticas y eléctricas), son muy valiosos para la fabricación de componentes tecnológicos, como disco duro de computadoras, monitores, pantallas de toque, aparatos láser, reproductores musicales, cámaras, teléfonos celulares, turbinas eólicas, celdas de energía e, incluso, para los carros híbridos y eléctricos.
El concepto de “metales raros” data de inicios del siglo XIX, y se les empezó a llamar así porque, comparados con otros, su abundancia era menor, pero desde el punto de vista químico, estos elementos se clasifican como “lantánidos” y en la tabla periódica, según su número atómico, van del 57 (Lantano) al 70 (Iterbio). Algunos químicos incluyen también el número 71 (Lutecio), explica el Dr. René Araúz, catedrático de Química Inorgánica de la Universidad de Panamá.
De acuerdo con el informe “El futuro de los metales raros”, publicado en el sitio web del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (www.mineriaonline.com.pe), en el mundo hay no más de ocho países con yacimientos de “tierras raras”, y aquellos con la mayor producción son: Australia, Sudáfrica, Canadá, China, Rusia, Malasia e India.
En América Latina, Guatemala, Argentina, Chile y México cuentan con varias reservas de algunos de estos metales en menores volúmenes, y Brasil posee la mayor cantidad en la región.
China es el mayor productor y exportador de REE (suministra el 97%), pero el año pasado empezó a limitar sus exportaciones, causando una preocupación global.



