Para nadie es un misterio que el universo literario de Zoé Valdés es amplio y limitado a la vez. ¿Cómo se explica esto?
Lo limitado es que, cuando se piensa en esta cubana exiliada en París, se sabe que los argumentos de sus libros giran en torno a la isla caribeña y su situación política. Pero al mismo tiempo, Valdés se las arregla para presentar el tema desde distintos enfoques.
En Los misterios de La Habana, Valdés comparte una serie de "leyendas y anécdotas oriundas de la ciudad de San Cristóbal de La Habana, a partir de las cuales he recreado algunos de los misterios de mi ciudad natal que siempre me sedujeron".
Son relatos que caminan por esas calles de La Vieja Habana, que todavía cohabitan en esas mansiones derruidas y hermosas de una ciudad que pareciera que está a punto de caer. Pero en Cuba la fantasía es un animal vivo y el ingenio popular es la corriente eléctrica que ilumina las horas.
La autora ha rescatado algunas de estas leyendas y les ha puesto un aderezo personal. Nos cuenta, por ejemplo, cómo surgió el primer son de la historia de la música cubana.
Pero la bandera política no podía dejar de izarse en este producto editorial creado en el exilio. Zoé Valdés evoca una conversación que tuvo con la escritora Dulce María Loynaz, en la que esta última le aconseja "váyase de esta porquería, es usted joven y necesita conocer mundo".
En una de las últimas historias, Valdés habla de ese fenómeno cubano llamado Miami. En esa esquina este de Estados Unidos se han recogido los personajes más inverosímiles de la diáspora cubana. Por ejemplo, nos menciona a una excéntrica y a un picúo literato. Menciona que Miami es "ese potrero transformado por los cubanos en ciudad próspera".
A pesar de caer en lo monotemático y circular, la autora de novelas como La nada cotidiana y Te di la vida entera, explora esa parte de Cuba fantasmal, legendaria y popular. Todo esto con un toque de magia humana.
