Anoche escuché a mi abuelo narrar versos de exquisita literatura, prosa elegante y sincera, capaz de hacer llorar al hombre más rudo y enamorar a una ilustre damisela.
Ese era mi abuelo que decía: “He vivido por tantos años, tantos días,
que los dolores se han colocado bajo mis ojos; y mis pasos son tan cansados que un bastón es mi aliado.
Pero te dejaré un legado simple pero muy sincero, mi mejor poesía.
Solo con inocentes consonantes y vísperas vocales se construye el mejor verso; la rima es el sentimiento, pero tú serás el creador de la magia; aquel caballero que realce la belleza y la humildad del universo.
No importa a dónde viajes, tus creencias, mucho menos si la vida te paga con amor o dolor; la recompensa te visitará en el momento preciso siendo héroe entre mediocres y privilegiado entre pobres de espíritu.
Son muchos los que hablan, pocos los que narran, muchos los que blasfeman, pocos los que riman, muere siendo diferente y así tu luz brillará hasta el fin de los días.