VERSO. Su suavidad venía volando sobre el tiempo, sobre el mar, sobre el humo. Neruda
PALOMARES. Cuando yo era niño y sentía esa innata atracción propia de la edad por cuanto bichito existiera alrededor de mi casa o en los jardines de los vecinos, sucedió un evento que marcó mi vida: tuve un palomar en el techo. Creo que la idea nació de unos compañeros de escuela, que ya criaban palomas. Llevaba yo entonces un cuaderno –que me parece aún lo conserva mi hermana Rosa María–, donde para cada ave estaban anotados el lugar donde fue adquirida o el nombre de sus progenitores (porque cada quien tenía nombre: ‘Blakaman’, ‘Princesa’…), también estaban apuntadas sus características físicas, la relación de sus descendientes, etc.
Con el tiempo me enteré de que había una "Sociedad Colombófica" (criadores de palomas domésticas) y me inscribí, llegando hasta a tener carné propio. Pero no duré mucho en esa asociación, dos o tres reuniones cuando mucho, porque lo mío no era tanto ser socio de un club como, por ejemplo, tener el placer de observar a mi bandada de aves dando vueltas en el cielo del barrio mientras abajo jugábamos fulbito.No son muchas las especies de aves que los seres humanos podemos tener como mascotas, sin perder ellas la libertad de volar. Volviendo siempre, además, a casa del dueño. Y si el dueño es un niño o una niña, la alquimia resultante puede ser magia pura.
EN SOLTURA. Columba livia es su nombre científico y es originaria del Viejo Mundo. De la familia Columbidae, es prima y tía de tórtolas, palomas y torcazas. En estado silvestre anida en acantilados, por eso no es de extrañar que viva a gusto entre los edificios de las ciudades. Puede mantenerse cerca de los palomares que la gente les construye, pero también suelta y por su cuenta. En ese sentido, tiene algunas costumbres semejantes a los gatos domésticos.
ESPACIO. En la Avenida Central de la capital su número ha aumentado desde que cerraron la calle al tráfico vehicular y se convirtió en una avenida peatonal. Por cierto: ¡Ojalá y más espacios fueran así recuperados para los ciudadanos! El municipio capitalino acomodó en su momento pilas de agua y nidos en alto para ellas, y llama la atención observar cómo las personas las alimentan, o simplemente se sientan cerca de ellas para observarlas. Cuando se publicó el año pasado mi libro de las aves comunes de la ciudad, escogí de carátula una imagen de la catedral y una bandada de palomas volando por delante. Hoy, tras observar cómo en algunos lugares estas aves sueltas pueden llegar a ser una molestia, la verdad es que escogería otra imagen para colocar en la portada.
APARIENCIA. Su plumaje original es gris con franjas negras sobre las alas. Pero la selección artificial propia de la domesticación ha dado como resultado variedad de colores y formas. Es interesante notar que la coloración de las palomas que no viven en cautiverio, como las que pueden ser observadas revoloteando en la Avenida Central, torna con el tiempo a parecerse al patrón original. Esta coloración se observa en la excelente ilustración de Dana Gardner, que acompaña hoy mi artículo.

