TODO COMENZÓ EN EL SIGLO XIX. TEMAS DIFERENTES.

Algo del periodismo en Panamá

Algo del periodismo en Panamá
Algo del periodismo en Panamá


A La Miscelánea del Istmo, nacida en el mes de marzo de 1821, bajo la dirección de José María Goytía y la inspiración de Mariano Arosemena de la Barrera, se le puede considerar como la primera publicación periodística aparecida cada semana, que existió en lo que hoy es Panamá.

Tenía un carácter reivindicativo, separatista y educacional. Su director había traído desde Jamaica la primera imprenta que se conoció en nuestro país.

Hubo otros intentos para esas épocas de más periodismo panameño. Mas, no fue hasta la década de los años 40 del siglo XIX, cuando aparecieron publicados, primero en inglés, el Panama Star el 24 de febrero de 1849 y que se convirtió en The Daily Star el 31 de enero de 1853; y al día siguiente, 1 de febrero, aparece como un anexo en su tercera página, la que hoy continúa siendo nuestra decana, La Estrella de Panamá, en español.

The Panama Herald, el otro componente de la misma empresa estadounidense, vio la luz el 14 de abril de 1851.

Los dos anteriores medios, se fusionaron en 1859 llamándose Daily Star and Herald. Hubo también otra publicación en La Estrella, en francés y dirigida por José Gabriel Duque, familia que desde entonces y hasta hace poco tiempo era propietaria del primer complejo periodístico existente en este país. L’Etoile fue el nombre de la nueva edición en francés.

Desde poco tiempo después han sido innumerables las publicaciones periódicas que ahora sí en español y con responsables panameños, han existido en nuestra nación.

Recordemos a una Prensa anterior, La Palabra, El Heraldo del Istmo, La Tribuna, El Panamá América, La Nación, La República, La Hora, El Mundo, El Día. La Prensa actual y varios más. Lo anterior, sin incluir tabloides, semanarios y publicaciones de otros formatos.

Algo interesante y digno de recordar ha sido la gran variedad de periódicos satíricos o humorísticos que también han existido en nuestro medio.

Recordemos a El Mosquito, El Diablo, La Bruja, El Ají, Palo Loco, El Látigo, El Alacrán, La Avispa, El Cholo, El Ciclón, El Cojo Zumbón, El Loro, El Guante, El Duende, El Hablador y en el tintero quedan algunos más.

Claro que las presentes listas van quedando incompletas por falta de memoria por parte nuestra y de espacio en donde todo lo que nos faltaba se hubiese podido publicar.

Y eso que nos faltaría mencionar la enorme cantidad de periodistas o seres por lo menos dedicados a esas labores que también valdría la pena recordar. Y que con temor, vamos aún cuando sea parcialmente a enumerar, pidiendo de antemano excusas por las no deliberadas exclusiones.

José Isaac Fábrega, Gaspar Octavio Hernández, Domingo H. Turner, Harmodio Arias, Eduardo Ritter Aislán, Diógenes de la Rosa, Guillermo Andreve, Nicolás Victoria Jaén, Guillermo Colunje (Linotipo) Alberto González (Torpedo), Víctor Florencio Goytía, José de la Cruz Herrera, Ignacio Nacho Valdés, Eusebio A. Morales, Ricardo Alfaro, José Dolores Moscote, Octavio Méndez Pereira, Samuel Lewis, Tomás Gabriel Duque, Cristóbal Segundo, Rodolfo Pardo, Aníbal Ríos, Manuel María Alba, Abilio Bellido, Héctor Conte Bermúdez, Enrique Ruiz Vernacci y Tito Del Moral. Esta lista está más completa en un artículo publicado por Rafael Candanedo en el libro Panamá 100 años de república, de donde extrajimos parte del listado.

¡Aleluya!, como el espacio nos ha ayudado, queremos reproducir algunos otros aspectos de los cuales nos habla la publicación que les hemos traído hoy. Ella nos habla de barcos que traían a Panamá centenares de pasajeros cada uno. Que eran muchas las quejas que presentaban los viajeros al llegar aquí. La descripción del viaje a través del istmo que mencionamos arriba está llena de detalles, que hoy nos parecieran imposibles de encontrar. Los tropiezos con las barcazas, con sus ayudantes, con el calor, los mosquitos. Las canoas eran muy incómodas, una vez sentados los pasajeros no se les permitía casi ni cambiar de posición. Nadie se podía mover. De repente, las barcazas se detenían porque los llamados marineros iban a cocinar su comida en las orillas del río, y después que se la devoraban, era cuando continuaban el viaje.

Verdaderamente que aquello no era un viaje muy paradisíaco, ni como para unas vacaciones, digamos.

Aprovechamos también la oportunidad para agradecer la buena cantidad de comentarios que hemos recibido recientemente. A José D. Urriola, gracias por la nueva amistad, que a propósito del interés mutuo por el doctor Ciro Luis Urriola, hemos iniciado y que esperamos continúe.

A Fernando Guerra, gracias. Tiene razón, el tráfico en esa época era por la izquierda, hasta los autos venían con el timón al otro lado, poco después ese tránsito cambió.

A Yishav Zaza, gracias también. Claro que los tranvías eran muy adecuados, efectivos, limpios, baratos y seguros.

Textos: Harry Castro Stanziola Imagen: Ricardo López Arias Comentarios: vivir+@prensa.com