Siempre es un honor recibir la visita de personajes de la alta culinaria, pero la doctora Rachel Laudan está en una clase propia.
Es una de las pocas historiadoras gastronómicas que hay en el mundo, tras décadas como exitosa historiadora científica.
Para que comprendiera la amplia diversidad gastronómica de nuestro patio, la llevé a comer a varios sitios.
Primero, un desayuno en Sunly, donde disfrutó inmensamente de las costillitas con frijolitos chinos y su toquecito de naranja; además de unos bollitos rellenos de otoe dulce y de los habituales siu mai, y unos excelentes wotips vegetarianos.
De noche, la llevé a La Mar, donde tras disfrutar unos excelentes pisco tours, pedimos unos “tacos chineros”, que consisten en carnes de ave finamente picaditas, fideítos de frijol fritos y crocantes, sobre una cama de lechuga de cabeza.
Seguimos con una degustación de ceviches: uno de atún en leche de tigre Nikkei; otro clásico de corvina; uno inefable de frutos del mar mixto en crema de rocoto y ají dulce.
Además, probamos unas causas mixtas que estuvieron divinas.
Luego, pasamos a probar los ricos mojitos de La Posta y su insuperable carpaccio de res con alcachofas y pistachos; después, las costillas de cerdo de Market, con su exquisita, mas no empalagosa salsa de café de tierras altas.
De ahí saltamos a Masala, donde disfrutamos un verdadero festín de langostinos apanados en harina de garbanzo, y un plato que encuentro fascinante: cocina de las calles de Delhi: el gosht tikki nace como una gran albóndiga de carne molida de cordero, recubierta de puré de papas y luego frita en harina de dal (lentejas doradas); el samosa chat, como empanadón vegetariano.
Tras salir del aceite se abren y encima se colman de raita, especias y una ensaladilla de cebolla morada con cilantro, absoluta, milagrosa conjugación de sabores, texturas y aromas, que son de por sí causa suficiente para volver una y otra vez.
Para terminar como se debe, una humeante taza de chai (té, leche y especias).
El torrencial chaparrón del lunes en la noche no nos permitió llegar al Casco Antiguo, donde Manolo Caracol sería el broche de oro de la noche. Dixit.

