MADRASTRAS Y PADRASTROS. FAMILIAS RECONSTRUIDAS.

Una pieza por encajar

Los nuevos cónyuges deben empezar a tratar a sus hijastros desde antes de mudarse con ellos. No es recomendable iniciar una relación con una persona si no se tiene afecto por los hijos de esta.

Una pieza por encajar
Una pieza por encajar

La lealtad del niño y principalmente del adolescente al recuerdo de su padre o madre ausente dentro del seno familiar –sea por divorcio, separación o muerte– puede ser muy intensa. Es por ello que hablarles de recibir con los brazos abiertos a un nuevo miembro, que para ellos intenta usurpar el puesto de su padre biológico, sería un acto de traición.

Esta situación planteada por la psicóloga Laura Álvarez coloca al padrastro o la madrastra contra la pared. Sin embargo, la especialista asegura que la actitud que estos adopten durante los primeros tiempos de adaptación familiar será la clave para ser aceptado "de buena forma" como una pieza más del conjunto. Eso sí, no para excluir o sustituir al progenitor, sino para asumir un papel de colaborador con su pareja.

Viviana Hidalgo, psicóloga familiar, afirmó que los nuevos cónyuges no pueden esperar hasta mudarse con la pareja para empezar a interactuar con sus hijastros. Y al convivir con ellos, la atención no puede centrarse solo en el emparejamiento.

Por ningún motivo los hijos deben escuchar al padre putativo hablar mal de la persona que estuvo antes que ellos. El comportamiento del niño o joven no debe influir negativamente en la actitud del nuevo cónyuge. Hay que considerar el conflicto emocional por el que está pasando el menor.

En tanto, Laura Álvarez recomienda respetar las reglas que los padres biológicos han implantado dentro del hogar. Luego, conforme la relación se vaya fortaleciendo se podrá ir pensando en revisar, modificar y compartir la aplicación de estas.

ARMAS DE DOBLE FILO

La parte más difícil de superar en una familia reconstruida es cuando una pareja decide vivir junta, y ambos tienen la tutela de sus hijos.

Cada uno de los cónyuges está irracionalmente consagrado a los que son de su propia sangre, y los otros son solo conocidos. Al producirse insultos entre los dos grupos de hijos, los padres casi siempre tienden a ponerse de parte de aquellos que trajeron al mundo, incentivando la división entre hermanastros.

Para evitar estas confrontaciones, asegura la especialista en familia Viviana Hidalgo, es necesario que los padres en vez de tomar partido se sienten a conversar con sus hijos y traten de buscar un punto medio entre ambos grupos involucrados en el problema. De ser necesario un castigo, la pareja debe decidir en privado la sentencia justa que involucre por igual a todos los culpables.

PUNTOS CLAROS

• A quién le toca mudarse (es recomendable adquirir una casa nueva).

• Cómo llamarán los hijastros a sus padres putativos (incluso a sus nuevos familiares).

• Cómo se darán las visitas o relaciones de los hijos con las ex parejas.

• Cómo se manejará la disciplina y los límites en el hogar.


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