Desde hace unas tres semanas, la bacteria Escherichia coli (E. coli) ha ocasionado estragos en al menos 16 países.
La E. coli, culpable de la muerte de 36 personas y de infectar a unos 3 mil individuos en el mundo –al cierre de esta edición, según cifras de la Organización Mundial de la Salud–, es una bacteria que en su forma inocua pertenece a la flora normal de los intestinos humanos y de animales; pero que, al estar fuera de esa área, se convierte en altamente contagiosa y se transmite con facilidad por agua, alimentos y manos contaminadas, señala el doctor Silvio Vega, especialista en microbiología y presidente del capítulo de Panamá de la Alianza para el Uso Prudente de los Antibióticos.
Este brote, que se originó en Alemania a partir de unas semillas germinadas de frijoles, como producto de contaminación por tierra o basura, “es muy grave”, ya que se trata de la aparición de una nueva variante de E. coli, conocida ahora como E. coli O104:H4, que combina características de dos cepas ya conocidas, enfatiza Vega.
“El problema se incrementa al entender que cuando estas cepas emergen, se quedan produciendo brotes esporádicos en la medida en que se dispersen”, acota.
De acuerdo con el infectólogo y pediatra Javier Nieto, la E. coli enterohemorrágica es la que más se asocia al desarrollo del síndrome urémico hemolítico, caracterizado por falla renal, plaquetas bajas y anemia que destruye los componentes sanguíneos.
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VEA Lidiando con la E. coli
