Los troncos mutilados de los gigantes del bosque amarrados entre sí forman docenas de cuadriláteros flotantes, más grandes que canchas de básquet, que son llevados aguas abajo. La deforestación, producto del avance de la frontera agrícola-ganadera y de las actividades madereras y mineras en el Amazonas, queda registrada en cada una de mis imágenes.
Así comienza, en el puerto de Pucallpa del Perú, nuestra aventura con destino a la comunidad Santa Rosa de Dinamarca, aldea poblada por 400 nativos de la etnia Shipibo Conibo, conocedores de las plantas medicinales de los bosques amazónicos.
Voy a visitar al médico tradicional Antonio Vázquez para conocer los secretos de las medicinas naturales y los misterios de la Ayahuasca, conocida como la reina de las plantas medicinales.
La devastación de las selvas es trágica. ¿Cuánto podrá durar la farmacia natural si se continúan talando los bosques? Si se acaban los bosques peligrarían la plantas medicinales y moriría mucha gente. Son muchísimas las plantas que poseen compuestos químicos para la cura de enfermedades.
Anclamos frente a Santa Rosa de Dinamarca. Se destaca el “hospital” de Antonio. Muchos nativos llegan del bosque para curarse gracias a la medicina tradicional que allí practican.
Comenzamos una caminata al corazón del bosque en búsqueda de la ayahuasca, una planta medicinal que según los nativos es la más potente contra males del cuerpo y el espíritu.
Por fin, llegamos a la frontera de la deforestación. Una pared vegetal presenta una “puerta de entrada” e ingresamos al bosque intacto amazónico. Finalmente, ante mí se eleva una liana longeva de ayahuasca, una anciana de más de 100 años que retuerce su tronco, sube y se enreda en un gran árbol, salta a otro y lo enlaza, y luego a otro, dominando a gigantes a su alrededor.
En el silencio del bosque se siente algo sobrecogedor. De retorno, Antonio y sus hijos preparan la ayahuasca. Prometen que el brebaje será poderoso.
VEA Ritual de la ayahuasca

