El 23 de septiembre de 1939, a los 83 años, murió el doctor Sigmund Freud luego de una penosa lucha contra el cáncer. El creador del psico-análisis contribuyó a darle forma y contenido a la cultura de Occidente durante el pasado siglo.
La obra freudiana, que consistió en la recuperación del inconsciente de las fuerzas de la represión, ha impactado con sus hallazgos a la psicología, a la psiquiatría, a la educación, a la literatura, al arte y al cine. Freud, un hombre educado en la tradición germánica, no estuvo preocupado por la influencia de su obra en otras ciencias y quehaceres humanos, sino en tratar de modificar la visión que de la estructura de la mente y de su funcionamiento se tenía durante los siglos XIX y XX.
A Freud le tocó vivir tiempos azarosos. La irracionalidad de dos guerras mundiales y la pérdida de millones de vidas lo llevaron a pensar que existían fuerzas destructivas en nuestra personalidad, que una vez desatadas no podían ser contenidas sino mediante otras conductas también violentas. Todo esto lo llevó a dudar de la civilidad de las relaciones humanas, de la sociedad victoriana y trató de ubicar el origen de las fuerzas destructivas en una pulsión de muerte inscrita en la personalidad. ¿Qué tal que hubiera vivido los genocidios que se dieron posteriormente?
El psico-análisis, como lo denominaba, comenzó su transformación al mismo tiempo que se gestaba; hoy es un psicoanálisis diferente. Las deserciones de algunos de sus primeros discípulos lo lastimaron (Alfred Adler y Carl Jung, entre otros), y lo hicieron replegarse creando un movimiento cerrado que trascendió como un psicoanálisis ortodoxo.
Sin embargo, los postulados del psicoanálisis siguieron evolucionando. Así, surgió la Escuela Inglesa liderada por Melanie Klein y la Escuela Americana de la Psicología del Yo, que se centraba en los trabajos originales de Freud y que estuvo liderada por Anna Freud, Heinz Hartmann y Erik Erikson, entre otros. Estos movimientos trataban de mantenerse fieles a los postulados originales del psicoanálisis, especialmente en sus parámetros técnicos, aunque significaban un incuestionable cambio en el terreno de la teoría, descartando o aumentando el papel que la razón ejercía sobre los mecanismos inconscientes de la mente.
Los avatares de la II Guerra Mundial en Europa obligaron a muchos psicoanalistas, mayormente a los de origen judío, a emigrar principalmente a EU y la Argentina. En un esfuerzo por sumarse e identificarse con la nueva sociedad receptora, abandonaron algunos conceptos que para Freud y el psicoanálisis ortodoxo resultaban esenciales como la Teoría del Desarrollo de la Libido. Así surgieron las contribuciones de Karen Horney, Erich Fromm, Harry Stack Sullivan y Frieda Fromm-Reichmann, que se agruparon fuera de la línea oficial de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA/API) como un grupo de psicoanalítico post-freudiano o humanista.

