La noticia de la separación de Panamá de Colombia, fue recibida en Bogotá con un retardo de tres días, la recibieron el 6 de noviembre, debido a un daño sufrido en el cable que establecía la comunicación, entre las dos capitales. ¿Sospechoso, verdad?
Cuando el pueblo de aquel país, se enteró de lo que había pasado, y de manera más particular en Bogotá, aquel se lanzó a la calle indignado y exigía la renuncia del presidente de aquella República José M. Marroquín, conservador.
También exigía que el gobierno no debería quedarse con los brazos cruzados y que todas las medidas fuesen de la índole que fuesen, inclusive una invasión, deberían ser tomadas para evitar tan funesta situación. En medio del dolor que sentían, se olvidaron de que Panamá se había anexado a Colombia por su propia voluntad, lo cual le dejaba las puertas abiertas para seguir a su propia decisión.
Se valieron de todo
Colombia quiso hacer uso del Tratado Mallarino - Bidlack, el firmado en 1846 con lo cual el libre tránsito por el Istmo estaba asegurado. Pero es más, aquel gobierno se comprometería si Panamá volvía al redil, a aprobar el Tratado Herrán Hay que acababa de ser rechazado por su Poder Legislativo haciendo uso para ello de un decreto ejecutivo.
Lo de la invasión no tenía ni pies ni cabeza. Enviar tropas por mar hasta acá era imposible, ya que los Estados Unidos, no lo iría a permitir.
Por tierra sería quizás peor. Pensar que centenares de soldados, su caballería y el transporte de las armas, sería algo no digno ni de pensar.
¿Podrían los intentos por medio de conversaciones diplomáticas triunfar? Dos semanas más tarde al 3 de noviembre de 1903, la República de Colombia envió hasta el puerto panameño de Colón a Fanor Vélez, Francisco Padrón, Nicanor Insignares y al militar Demetrio Dávila para que se encargaran de esa labor.
Y miren cómo estaban de apuradas las autoridades de aquel país por hacer volver a Panamá al redil, que ni tan siquiera escogieron una delegación en su ciudad capital, desde donde hubieran demorado por lo menos dos o tres semanas para llegar hasta acá.
En cambio escogieron personajes de los puertos caribeños (Barranquilla y Cartagena) desde donde el viaje tomaría dos días nada más.
Así llegaron pues a Colón en donde los esperaban los delegados panameños a esa esperada reunión, Carlos Constantino Arosemena, Eusebio A. Morales y Tomás Arias.
Las supuestas conversaciones, que no duraron sino pocos minutos, se llevaron a cabo a bordo de un barco de guerra de la marina norteamericana que llevaba el nombre "My Flower". Más esa flor no produjo un solo grato aroma.
Los panameños apenas se reunieron declararon que las acciones tomadas por su país eran sólo una y que no era posible dar marcha atrás. En lo cual los caballeros mencionados iniciaron marcha atrás.
Más los colombianos estaban más que dispuestos a no cejar. Enseguida organizaron otra comisión ahora con figuras capitalinas y considerada quizá como de mayor poder. Esa fue la segunda y última reunión de la cual tratamos hoy.
Y vuelta y viaje hasta acá y como era natural de nuevo a Colón.
Textos: Harry Castro Stanziola. Fotografías: Ricardo López Arias Comentarios: svasquez@prensa.com






