“Mi madre siempre ha querido que yo estudie medicina, ya que ella lo deseaba, pero por no contar con los recursos no pudo lograrlo. Me gusta la música y si hago un comentario sobre ésta, pierde la paciencia y me habla fuerte”, cuenta Rosa (nombre ficticio).
Agrega que le da temor pensar en cómo vaya a reaccionar su mamá cuando elija una carrera que no sea medicina, pues ya está en quinto año de secundaria y el próximo año hará los exámenes para ingresar a la Universidad.
En casos como estos, cuando la hija decide recorrer su propio camino, la joven se resistirá a satisfacer los deseos de su madre en forma de venganza inconsciente y de una u otra manera, boicoteará las aspiraciones, deseos y metas impuestas por su progenitora, dice la psicóloga Rosa A. Ramos.
VOCACIÓN Y HABILIDADES
El profesor de la Universidad de Panamá y psicólogo clínico, Fabio Bethancourt, recalca que es normal que las madres deseen que sus hijas representen sus anhelos o sus deseos, porque para ellas, es lo mejor. Subraya que la madre no debe imponerle a la hija lo que ella desea, sino que deben dialogar, reconocer la verdadera vocación y habilidades de la joven.
“Hay que conocer cuáles son los intereses que tienen las hijas, es decir, saber exactamente qué es lo que les gusta y qué no, y, sobre todo, respetarlo”, añade Bethancourt.
A veces, la joven indispuesta por la presión puede hacer otras cosas que ni siquiera le gustan, solo por llevarle la contraria a la madre.
“En este aspecto, la hija lo hace como una forma de castigo y, en ocasiones, puede ser muy cruel o no dar importancia a lo que le pueda pasar”, explica la psicóloga Ana María Flores.
En casos extremos, la hija puede perder su identidad y convertirse en una copia de su madre, lo que es un problema serio de identidad frustrada, concluye la psicóloga.

