A las 12:00 del día del 12 de octubre de 2000 murió de cáncer, a los 71 años de edad, Justo Arosemena, pintor, escultor y publicista panameño, que vivió la mayor parte de su vida en Colombia. La semana pasada "regresó" a Panamá a través de una muestra de 68 de sus obras, curadas por el colombiano Alberto Sierra Maya, experto en arte del Museo de Antioquia.
"Acabo de caer en cuenta que después de todo esto, nunca dejó de ser panameño", comentó Sierra Maya durante la inauguración el viernes pasado. "Y toda esta cosa del mar, de los caracoles, de los atardeceres, de las brumas y todo... yo llevo dos días acá y llueve toda la tarde o hace sol toda la tarde. Acá, donde uno vive del clima, creo que lo atmosférico de él se entiende más", concluyó.
Si nunca dejó de "ser panameño", ¿por qué se fue?
Su hermano Carlos Arosemena relata que al regresar de estudiar arte en España en 1955, Justo expuso en el Paraninfo Universitario y allí llegó el colombiano Leonel Estrada, presidente de la Bienal de Arte de Medellín.
"Le dijo: Justo, tú estás perdiendo tu tiempo aquí en Panamá. Vente para Colombia que aquí hay mercado para buenos pintores y artistas".
Y se fue, aunque visitaba de vez en cuando su país, y fue feliz, asegura Sierra Maya. "Yo diría que tuvo una vida un poquito de cuento de hadas. Llegó a un sitio, conoció a la mujer más bonita, que era reina de belleza y poetisa, llegó él, muy bien parecido, y se robo al público. El era publicista, un hombre aventajado y entró bien en el medio y por donde debía".
En Colombia trabajó no solo en pintura, sino que también montó su negocio de publicidad, Arosemena Ltda. En la década de 1960 empezó a hacer esculturas, muchas de ellas gigantescas, que hoy día están por todo el país. "Eso le dio más fama", comenta su hermano, quien añade que lo que lo puso "en el mapa de verdad" fue cuando en 1971 hizo el "Cristo Desnudo" para el padre Rafael García Herreros . [Ver recuadro].
Desde los años 70 se dedicó a la docencia y a la vez "nunca dejó de aprender", dice Sierra Maya. "De pronto podía volver a empezar a estudiar a Picasso, como cuando lo hizo en los 50 y 60, y todo el tiempo estaba volviendo sobre lo mismo".
"Había hecho de su vida una celebración permanente; en él la fiesta y el trabajo eran un solo cuerpo", comenta Estrada en el libro que como homenaje póstumo se le hizo al artista hace unos tres años.
LA EXPOSICIÓN
Sierra Maya dividió la exposición en cuatro áreas. En la planta baja están los bodegones y en un salón adyacente la escultura y los collages. En el primer piso están las figuras humanas y al lado, la pintura abstracta.
Con la escultura, Arosemena "se volvía más romántico, más local, más social, por ejemplo. En la pintura no tiene elemento social, en la escultura sí. Hace un monumento a los obreros de la construcción, a los mecánicos de los carros, a los niños jugando. Parece que fuera realista en la escultura y no realista —aunque el origen fuera— en la pintura", describe el curador.
La escultura de Arosemena es "de carácter urbano". El curador menciona dos cosas que observar: en los collages su uso de diferentes materiales: tela, papel, cordones, etc.. y lo otro es la manera cubista de las esculturas, "pocos incursionan en escultura con cubismo".
Sierra Maya señala que la obra de Arosemena permite a los estudiantes de arte "entender la cantidad de posibilidades que tienen".
En cuanto a la pintura, el curador señala que el cuadro "Trance" , "resume todo" y "es el mejor ejemplo en pintura [de la pintura de Justo] de toda la exhibición" y en las figuras humanas se puede apreciar que le interesaban Picasso y Matisse.
La obra de Justo Arosemena "es muy difícil agarrarla" o definirla, dice.
"Uno va admirando que le interesa una manera de pintar y una manera de tener en cuenta muchas cosas y de enriquecerlas", comentó.
