VIENE DE LA IB. HELADERÍAS: OASIS REFRESCANTES.

El sabor del frío

Cada día es más difícil encontrar frutas criollas como el jobo y el mamey para elaborar helados. En el mundo, después del de vainilla, el más vendido por Haagen-Dazs es el de dulce de leche.

El sabor del frío
El sabor del frío

Ana Alfaro Especial para La Prensavivir+@prensa.com

El helado de vainilla es el rey del mundo nevado, aunque entre los sabores que comercializa Estrella Azul, la líder del mercado tenga reñida competencia de parte del grape nut y del napolitano.

En la cata que realizamos para el Buen Comer de este mes, identificamos una docena de marcas comercializadas en supermercados, entre nacionales e importadas.

¿Sabores? Los que quieras. Desde el de vainilla, líder mundial, pasando por varias permutaciones de chocolate, a maravillas nogadas como, por ejemplo, el de macadamia de Haagen Dasz o el Jamoca Almond Fudge (favorito personal) de Baskin & Robbins, a fenómenos mundiales que reafirman la popularidad del sabor latino: en 1998 Haagen Dazs lanzó el de "dulce de leche" en Argentina y desde entonces se ha convertido en su segundo sabor más vendido después del de vainilla. Tan resonante ha sido su éxito, que Estrella Azul sacó recientemente su propia versión, elaborada con el manjar blanco que produce para la industria de la repostería. Otro sabor muy popular es el de galletas, devenido del Cookies & Cream de los estadounidenses, producido por Borden, Bonlac, etc.

Hay para todos los bolsillos. Los precios comienzan en los 15 centavos y culminan en un cono de una bola por dos dólares con 25 centavos, en la heladería artesanal Grandclement, última propuesta del patio situada a pocos metros del local que ocupara Purruñoti, donde está hoy Manolo Caracol.

Además de los sabores tradicionales, los propietarios franceses ofrecen otros helados, algo más esotéricos, como espresso, hierbabuena, té Earl Grey, miel y jengibre, además de una gama extensa de sorbetos. Pero no tienen acaparado el mercado de lo exótico, ya que entre los sabores de la casa de Riba Smith hay un helado de cerveza, y entre los importados, Godiva tiene unos exquisitos de chocolate belga y chocolate blanco con frambuesas.

Están bien representadas las frutas locales entre la oferta: el sorbeto de jobo o de moras de Il Gelatiere, o el de agua de pipa o mango de La Italiana vienen a la mente; De Sanctis comenta que el helado de mamey es uno de los menos comunes que fabrican ellos (que en mi criterio empata en ricura con el de miel de caña), mientras que el de coco de Alberto’s es maravilloso, y me hace no extrañar tanto los de Penonomé.

Una sola nota preocupante: cada día se hace más difícil encontrar frutas autóctonas como el jobo, mamey o guanábana. No sacrifiquemos nuestra herencia gastronómica ante el altar del globalismo.


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