QUITO, Ecuador (EFE).- La magia del circo se ha instalado esta semana en una improvisada carpa en un parque de Quito, donde malabaristas, payasos o acróbatas aspiran a ser escogidos para un programa que pretende inculcar en jóvenes "en riesgo" que viven en la calle valores circenses como la solidaridad y el esfuerzo.
El llamado "Circo Social" es una iniciativa de la vicepresidencia ecuatoriana junto con el canadiense Cirque du Soleil, que seleccionará a unas 20 personas en la capital del país que serán formadas para enseñar técnicas circenses a niños y jóvenes de los barrios más humildes.
Julio Bueno, gerente del proyecto "Sonríe Ecuador" de la vicepresidencia, afirmó que la meta es poner a esos menores "bajo una carpa", donde existe un riesgo, "pero más controlado" que el peligro de la vida diaria en las calles.
El programa se desarrollará en las ciudades serranas de Quito y Cuenca, en la costa de Guayaquil y la amazónica de Tena, en la que se beneficiarán más de 400 personas, entre profesores que se van a formar y menores que recibirán las clases.
Para Bueno, el circo enseña a los niños valores como "la autoestima, la confianza, la solidaridad o el respeto a la autoridad", a la vez que aprenden trabajando en conjunto.