No se olviden, por favor, que la frasecita de arriba no tiene nada que ver con lo que ustedes van a leer.
Siempre nos ha llamado poderosamente la atención la cantidad de guerras, levantamientos, derrocamientos o intentos de ellos que sucedieron, especialmente durante el siglo XIX en Colombia y, por tanto, también en Panamá. Con razón que este territorio y aquel no tuvieron respiro ni paz y mucho menos dinero, pues todo se iba en guerrear. Por lo tanto, eran muy pocas las oportunidades para paz y tranquilidad.
Un país en que parecía que gran parte de sus habitantes no hacían más que politiquear y ambicionar el poder, no se podía disfrutar. Afortunadamente, aun cuando esa proclividad no ha disminuido mucho, los medios que se utilizan para vivir y pelechar de la mal llamada “política” han variado en su forma de actuar. Ahora, no es tan usada la muerte para poder sobrevivir.
Interesado en el tema, nos pusimos a indagar y tuvimos la suerte de encontrar una crónica que el historiador Ernesto Castillero R. escribió en el año 1947. Se trata de un completo artículo en el cual resumió la cantidad de golpes, asonadas, revoluciones y guerras en las que Panamá, por ser parte de Colombia en esos tiempos, y por propia voluntad, tuvo que participar.
Liberales, conservadores o ciertos individuos actuando en forma propia se encargaron de eternizar la pobreza, acabar con centenares de vidas inocentes o de incrementar un odio que entre hermanos nunca se ha debido sentir. Y todo —no nos cansaremos de repetirlo— por las ambiciones del poder.
En tan solo 73 años, Panamá se vio envuelta en 8 guerras y 75 movimientos subversivos, según el citado historiador. Todo a partir de 1830 y hasta 1903. Se sublevaba el ejército, como lo hizo cuando derrocó al presidente constitucional Joaquín Mosquera para establecer la dictadura del general Rafael Urdaneta.
Este, a su vez, un año más tarde fue depuesto en la misma forma, siendo Juan Eligio Alzuru el nuevo e ilegal “mandamás”, quien, por cierto, murió fusilado.
En 1854 hubo otro cuartelazo, el comandante José María Melo derrocó al general y presidente José María Obando, a quien por cierto, injustamente, le achacaron la autoría intelectual del asesinato del mariscal Antonio José de Sucre.
En ese tiempo no dejó de haber guerras, revoluciones o alzamientos, pero como no las podemos mencionar todas y menos presentarles las efigies de los múltiples actores o autores de tantas irregulares situaciones, todo lo hemos tenido que resumir.
Y así, casi no pasaba un año sin que se declarara por lo menos una guerra, un golpe de Estado, una revolución o una situación que suscitaba alarma, temor o verdaderas alteraciones. El artículo en mención apareció en la revista Épocas en el año 1947 y en el mes de marzo. Si pueden leerlo, háganlo, por favor, porque de otra manera este resumen no quedará tan claro, pues le faltará mucha más información.
Es por todo ello que estas Raíces van a parecer enredadas. Ustedes me sabrán perdonar.




