El pueblo de San José, a 10 minutos de Las Tablas, se mantiene fiel a sus tradiciones. Por sus pequeñas calles se escucha música típica a altos volúmenes, en los portales de las casas se ven mujeres cosiendo y trajes típicos que adornan las ventanas.
Maribel Espinosa, oriunda de San José, cose desde los 11 años y cuenta, con una sonrisa, que aprendió viendo a sus hermanas hacerlo.
“Me paraba detrás de ellas para ver qué hacían”, comenta con algo de picardía. “Y así fui aprendiendo. Primero hacía las manguitas y cosía para otras personas”.
Hoy, asegura Maribel, que pasa los 60 años, gran parte del negocio se consigue por la referencia que se hace de boca en boca.
“Nosotras empezamos a coser desde que estábamos en la primaria”, cuenta Otelia González, de 47 años. Ella ha cosido, con ayuda de mujeres del pueblo de San José, las polleras que luce Dania María Vergara, la hija del cantante Ulpiano Vergara, en los concursos nacionales.
“Cuando estábamos chiquitas ese era el juego de nosotros: coser”, recuerda Otelia como quien no concibe dedicarse a otra cosa. “En la escuela, la maestra de hogar nos enseñaba a tejer, y en la casa seguíamos con las abuelas y tías. Todos teníamos ese amor por la pollera”.
La pollera panameña tiene sus orígenes en el traje de uso diario de España en el siglo XVI. Se realiza con holán de hilo y está compuestas de diversas piezas: el susto, el cuerpo, la arandela de tres tiras, la arandela de dos y media y un tapabalazo.
Su precio depende del tipo de tela, la combinación de colores, la cantidad de hilo y encaje, la costura, y si es blanca, montuna, zurcida, sombreada o bordada. Es, en definitiva, un arte que requiere de talento, creatividad y dedicación.
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