Dentro de la literatura panameña, Rodrigo Miró, quien además de escritor fue crítico literario, calificó a sus colegas Rogelio Sinán, Roque Javier Laurenza y Manuel Ferrer Valdés como los vanguardistas del patio. Su opinión quedó para la historia, así como el hecho de que Miró consideraba que lo único malo que tenían esos autores era que sus escritos eran narrados alejados de la realidad nacional, lo cual impedía que a veces los lectores se identificaran con sus obras.
Este último planteamiento, fue refutado por la catedrática de la Universidad de Panamá Margarita Vásquez, quien en la presentación que se hizo la noche del miércoles en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero, de la segunda edición del libro de cuentos La muerte de la ópera en la selva de Manuel Ferrer Valdés (1914-1977), dijo que este autor sí estaba identificado con sus raíces. "Sus escritos tienen una estructura profunda por donde navegan los temas que giran en torno al panameño".
Vásquez, puso como ejemplo de sus aseveraciones el cuento El griego nunca muere, de Ferrer, que aunque es una lectura especial para la juventud es complicada. Allí el autor habla de las cotidianidades que se vivían para aquellos tiempos en el Hospital Santo Tomás, de cómo la postguerra hace que el pueblo deje de creer en la religión, en la ciencia y hasta en la suerte misma. ¡Ah!, y también menciona el costillón que es un corte de carne muy regional, parecido al bistec, pero más barato, dice la expositora.

