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06 ago Darién, primera y última frontera

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Vista del puerto de Yaviza. Vista del puerto de Yaviza.
Vista del puerto de Yaviza.

La provincia más grande de Panamá es también la menos conocida. Su nombre evoca naturaleza, descubrimiento y lejanía. También lo prohibido e inquietante. La frase “Tapón del Darién” lo resume todo: donde termina nuestro mundo.

La región deriva su nombre del río Tarena, que discurre por Santa María La Antigua del Darién, su primera población europea, fundada en 1510. Un año después aparece la primera referencia cartográfica bajo el nombre Tarienne, en un mapa del italiano Pedro Mártir de Anglería.

Se nos dice que Santa María la Antigua fue precursora de la Ciudad de Panamá, como en efecto fue. Pero antes de seguir, ubiquémonos: al contrario de lo que nuestra maquillada historia nos inculca desde niños, Santa María la Antigua del Darién no estaba en Panamá sino en lo que hoy es Colombia, frente al Golfo de Urabá.

¿Sorprendidos? Miremos un mapa. El Darién histórico no reconoce las fronteras que el hombre impuso después.

Mapa de la ruta. Expandir Imagen
Mapa de la ruta.

Fue la implacable marcha de Vasco Núñez de Balboa desde el Caribe al Pacífico en 1513 la que primero puso esta ignota tierra en el mapa de los imperios europeos. Cuando España se decidió por la ruta interocéanica de Nombre de Dios a Panamá años después, Darién perdió importancia. Pero sus enemigos europeos siempre estuvieron al acecho, aliados de los bravíos indígenas cueva primero, y gunas después, que nunca se sometieron. En el siglo XVIII España decidió militarizar la provincia, dejando una impronta tardía. 

Hoy, visitar la provincia no es solo repasar el drama humano detrás de su historia, sino también descubrir la belleza de sus parajes.

Desde Panamá, nos dirigimos por tierra a Metetí, donde nos desviamos hacia Puerto Quimba (de Kimball) sobre el río Iglesias, afluente del Sabanas y del Tuira. Tomamos un bote que nos lleva río abajo hasta la súbita aparición del enorme estero donde los grandes ríos de la provincia confluyen con las aguas saladas del Pacífico, frente a La Palma.

Atardecer en el estero frente a La Palma. Expandir Imagen
Atardecer en el estero frente a La Palma.

El fenómeno es extraordinario. Nada que envidiar al Encontro Das Aguas amazónico, que ocurre frente a Manaus. Las aguas se revuelven y mezclan juguetonamente, produciendo espuma y pequeños remolinos. Las aves revolotean y hasta los bufeos hacen su aparición saludando a los que observamos todo desde el bote, extasiados. El espectáculo que brinda la naturaleza es enmarcado por las azules serranías a la distancia y los frondosos bosques que llegan hasta las orillas.  

El movimiento de pangas, botes y barcazas en el estero es constante. Desde tiempos inmemoriales, los navegantes aprovechan la entrada y salida de las mareas para facilitar su paso desde y hacia el mar abierto, empujados por las corrientes.

Ya lo relataba el teniente español Manuel García de Villalba en 1787: “….por donde se introducen las embarcaciones, es honda y capaz de internarse en ella balandras y otros buques mayores hasta más de diez leguas de su entrada, bien entendido de que siempre debe ser con creciente de marea, precediendo igual circunstancia para la salida con baciantes (sic), por ser formidable el flujo y reflujo que en dicho río se introduce a más de 20 leguas de su entrada".

Ruinas del Fuerte de San Lorenzo en la Isla Grande. Expandir Imagen
Ruinas del Fuerte de San Lorenzo en la Isla Grande.

Nuestro bote se dirige a las islas del Encanto y Grande, que guardan la entrada desde el Golfo de San Miguel. Ahí los españoles construyeron los fuertes de San Carlos en 1777 y San Lorenzo en 1788, sellando los pasos acuáticos de Boca Chica y Boca Grande respectivamente, siguiendo el modelo defensivo que todavía hoy se aprecia en la no tan lejana Cartagena de Indias.

Las ruinas de ambos fuertes se mantienen ahí, ocultas tras la incontrolable flora pero ante el olvido imperdonable de nuestras autoridades. Los muros se sostienen precariamente por las raíces de los higuerones -no por la inexistente protección del Estado panameño-. Carecen de señalización básica y solo los adiestrados boteros de los ríos pueden ubicarlos.

Ruinas del Fuerte San Gerónimo, frente al Chucunaque. Expandir Imagen
Ruinas del Fuerte San Gerónimo, frente al Chucunaque.

También en Yaviza existen ruinas de la época militar española. La Casa Fuerte de San Gerónimo fue construida en 1760 frente al poderoso Chucunaque y destruida por los gunas en 1780. La naturaleza se ha encargado del resto: una riada se llevó la mitad del fuerte a mediados del siglo pasado.   

La población del Darién hoy es gentil, pacífica, amable y heterogénea. En sus puertos fluviales predominan los afrodescendientes. La más reciente colonización proviene de nuestras provincias centrales y se concentra a lo largo de la Panamericana. En los pueblos también hay una notable presencia china.

El eje Chucunaque-Tuira es la gran autopista fluvial de la provincia. Las gunas se concentran en el Alto Chucunaque, mientras que los emberá ocupan su zona baja. En el sur de la provincia predominan los wounán. Las etnias hablan idiomas distintos. Se comunican entre ellas y con el resto de la población en la lingua franca: el español.

En piragua en el Chucunaque. Expandir Imagen
En piragua en el Chucunaque.

Una visita a  Peña Bijagual, asentamiento emberá sobre el Chucunaque, revela sus carencias pero también su apertura. La casa del maestro de la escuela del pueblo tiene platos satelitales de televisión, los mismos que se observan, profusos, en toda la provincia. El teléfono del pueblo y el difusor de WiFi se alimentan por paneles solares. Los pobladores no solo están alfabetizados: están conectados y deseosos de conocer el mundo. ¡Bravo!

 

Los darienitas reciben al visitante agradecidos y con una amplia sonrisa, conscientes de que hasta hace poco, adentrarse en su provincia implicaba incursionar en lo desconocido.  Abren sus casas al turismo moderno, ofreciendo hospedaje y restaurantes modestos pero funcionales. Empiezan a aparecer hostales y campamentos sofisticados para la observación de aves, que son concurridos por extranjeros absortos por la riqueza ornitológica sin igual del Darién. Estos turistas pasan una semana o más en la provincia, sin siquiera ocuparse en visitar la capital del país.

Dos factores han sido clave para esta transformación. Uno es la carretera Panamericana hasta el corazón de la provincia. Toma solamente 4.5 horas llegar desde Panamá hasta Yaviza. Esta vía ha sido reconstruida y asfaltada magníficamente por el Gobierno Nacional desde la frontera con la provincia de Panamá. Falta mejorar el tramo entre la represa de Bayano y la entrada al Darién.

El otro factor ha sido la labor decidida y exitosa del Senafront, cuya presencia es obvia en todos los rincones de la provincia, y es bienvenida por lugareños y visitantes. La corrección con la que sus miembros llevan a cabo su misión merece el reconocimiento de todos. Han devuelto la confianza a la zona y afirmado su anclaje cultural y social en la República de Panamá.

Darién tiene la segunda reserva más vasta de bosques tropicales de América, solo superada por el Amazonas. El turismo moderno busca exactamente lo que en ella abunda: naturaleza, historia, cultura, autenticidad. Cuando muy pronto todos emprendamos la reconstrucción del turismo hacia nuestro país -abandonado a su suerte en estos tiempos por las autoridades- el Darién de siempre será la nueva frontera para el mundo. Lloverá... y florecerá.

rejimeneze@hotmail.com

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Sobre el autor

  • Raúl Ernesto Jiménez E. Raúl Ernesto Jiménez E.

    Ciudadano Panameño, aficionado a la historia y la cultura. Es ingeniero industrial con maestría en administración de empresas. Miembro de Juntas Directivas de hoteles en Panamá. Desde enero de 2018 es secretario de Asociación Panameña de Hoteles (Apatel).

Sobre el blog

  • ¿Quién dijo que en Panamá 'no hay nada que hacer'? ¿Quién dijo que en Panamá 'no hay nada que hacer'?

    Hace unos meses, un buen amigo colaborador de una multinacional y panameño como yo, me confió: “En Panamá no hay nada que hacer. Una familia quería venir a visitarnos por cinco días, pero yo le dije que mejor agendara solo dos”.Su opinión me conmovió. Contrastaba totalmente con la mía. He sido afortunado en conocer rincones espectaculares en todo nuestro país, acompañados de historias que maravillan. Además, el destino me ha permitido conocer culturas en cuatro continentes. Ello,  espero, me ayuda a posicionar nuestras atracciones en su justa perspectiva, alejadas del chauvinismo simplón y más cerca del gusto del variopinto público internacional.Pero algo de razón tenía mi amigo: Panamá está llena de tesoros, pero en la mayoría de los casos ni nosotros los conocemos. Como diamantes en bruto, necesitan pulirse, atenderse con interés, rescatarse y ponerse en valor. Necesitamos presentarnos ante el mundo y contar nuestra historia. Y también, cómo no, aprender qué es lo que busca ese turismo de hoy, que en la mayoría de los casos no es lo que imaginamos.  Esta serie tiene el objetivo de resaltar nuestros atractivos para el nuevo turismo internacional, sencillo pero exigente, masivo pero crecientemente culto, alejado de los rascacielos y cercano a la esencia humana. Me anima el contribuir a la recuperación del turismo hacia nuestro país con un enfoque constructivo y actualizado. Es un grano de arena que se une, ojalá, a los de 4 millones de compatriotas.