Brasil quedó exhibido en sus reales dimensiones. Un equipo sin estrellas ni jugadores de experiencia, carente de jerarquía, temeroso de incurrir en errores, lleno de egoísmos.
Un anfitrión mezquino con su fanaticada y su favoritismo por anticipado, que lució inferior ante México.
México llegó al Mundial sin generar expectativas, criticado por su manera de clasificarse al Mundial, falto de jerarquía y de luminarias.
Pero, en cambio, está colmado de solidaridad y de sentimiento colectivo; una muestra más del amor de los mexicanos por su país.
Y ese orgullo propio fue el carburante en el empate con Brasil, 0-0.
El encuentro mostró dos selecciones dispuestas a correr los 90 minutos, pelear hombre a hombre y casi que tuvieron el balón por tiempos iguales.
Los locales intentaron con Neymar un cabezazo al palo izquierdo del arco mexicano, y entonces Ochoa, el guardameta en el que muy pocos creían, voló a media altura y sacó la bola con la yema de los dedos, en una atajada semejante a la de Gordon Banks, el arquero inglés que hizo lo mismo contra Pelé en México 1970.
Los jugadores de Brasil juegan en las ligas más exigentes del mundo, y eso se notó en el cansancio del equipo desde el primer tiempo. Los rebotes eran fácilmente ganados por los visitantes. Marcelo y Dani Alves, los dos marcadores de punta, cerraban tarde, si subían a atacar les costaba trabajo regresar a defender y a veces resolvían con un pelotazo o un pase dividido.
Pero el problema de Brasil no son los costados y muchos menos los defensas centrales, Thiago Silva y David Luiz. El hoyo negro es la ausencia de alguien como Dunga o Edmilson, ejes e intérpretes del técnico en las dos últimas selecciones de Brasil campeonas del mundo.
Esta vez pareciera que nadie quisiera tomar ese liderazgo: asumir la jefatura de un barco próximo a naufragar.
Neymar quiso dar un golpe de publicidad con su cabello oxigenado, y tal vez esos mechones fatuos sean el único recuerdo de un delantero con materias pendientes.
La gran esperanza era Oscar, el volante “tiempista”, el de los relevos y las paredes que dislocaron el esquema de Croacia en el partido inicial.
Hoy pasó de largo, corrió como un purasangre sin bridas y sin estribos y nunca se lo pudo encinchar en el esquema de juego. Fred, el centrodelantero, fue sustituido en el segundo tiempo por Jo. Esta es la única referencia.
México tuvo en Ochoa al mejor arquero de este Mundial, hasta el momento. Sacó otros balones definitivos y redondeó una actuación estupenda. La mejor de su vida. La defensa, con Rafael Márquez en su cuarto Mundial como capitán de México, se mostró sólida como un bloque, pero también fluida como el mercurio.
Delante, por el costado derecho, encontró en Guardado a un guerrero de esos que más vale dejarlo tranquilo para no pagar las consecuencias. +
Adelante estuvieron Dos Santos y Peralta, astutos y de movimientos inteligentes. Su juego se desenvolvió entre los defensas centrales del adversario. Nunca los dejaron salir con comodidad en contragolpe.
Empataron Brasil y México: el primero repleto de dudas; el segundo con la certeza de haber jugado su mejor partido mundialista en este siglo.
Por Óscar Castaño Llorente
