RÍO DE JANEIRO, Brasil. (AP).- A la distancia es una foto de postal: las aguas de la Bahía de Guanabara encerradas entre Pan de Azúcar y el Cristo Redentor. La imagen que los organizadores de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016 desean promover. De cerca, la historia es otra.
Todo el mundo, hasta el alcalde de Río de Janeiro, admite que las aguas de la bahía, donde tendrán lugar las competencias de vela de los Juegos Olímpicos de 2016, están muy contaminadas. Algunos dicen que parecen cloacas.
“Hace unos pocos días uno de los competidores tuvo que tirarse al agua y lo primero que hizo al salir de ella fue tomar una botella de agua y limpiarse la boca y la cara”, expresó Ivan Bulaja, un exatleta olímpico que dirige el equipo austríaco.
“Cuando sientes el agua en tu rostro te sientes incómodo. No tienes idea de lo que hay allí. No creo que nadie se sienta bien navegando aquí. Sospecho que uno puede enfermarse seriamente”.
Pero no les queda otro remedio. Las pruebas de vela se harán aquí y a partir del domingo comenzará una regata de ensayo, con las 10 clases olímpicas, en las que participarán 216 embarcaciones y 321 navegantes de 34 países.
LIMPIEZA
Por años la bahía ha recibido aguas de alcantarillados sin tratar y limpiarlas tomará, al menos, una década según las autoridades.
El 70% de las aguas cloacales de Río son arrojadas en aguas de ríos y lagunas así como en el mar. La limpieza de la bahía fue una de las promesas que hicieron los organizadores cuando consiguieron la sede. Dijeron que la limpiarían en un 80%.
Pero el secretario del Medio Ambiente del Estado de Río, Carlos Francisco Portinho, reconoció que, en el mejor de los casos, habrán reducido la contaminación en un 50%.
Se están tomando una serie de medidas de emergencia, como el uso de botes para recolectar basura flotante y barreras para impedir que objetos como sofás, sillas de madera y bolsas de plástico ingresen a la bahía.
Las autoridades de Río dijeron que en los primeros tres meses del año se sacaron 33 toneladas de desperdicios sólidos en tres botes. De cara al ensayo de la semana que viene se usarán diez embarcaciones.
El otro problema es menos visible: los desechos humanos que no son tratados, los cuales no pueden ser retirados y dejan un mal olor en toda la bahía.
“Cuando hay marea baja huele como agua de alcantarillas”, se quejó el navegante austríaco Nikolaus Resch, quien terminó cuarto en los Juegos de Londres en la clase 49er en pareja con Nico Delle Karth.
“Uno ve a la gente que va a nadar. Yo jamás me metería en esta agua por mi propia voluntad”.
