El ex número uno del mundo, el estadounidense Tiger Woods, de vuelta a sus 42 años al primer plano del golf esta temporada, ha sido seleccionado este martes por primera vez desde 2012 para participar en la Copa Ryder, que tendrá lugar del 28 al 30 de septiembre cerca de París.
Woods, actualmente en el puesto 26 mundial, es uno de los tres elegidos por el capitán de Estados Unidos, Jim Furyk, junto con sus compatriotas Bryson DeChambeau y Phil Mickelson.
Tras años de sinsabores en el circuito profesional, finalmente llegó el renacer del Tigre. Frustrado por problemas físicos, arrestado por la policía en 2017, Woods ha logrado firmar una de las remontadas más improbables de la historia con su selección para la Ryder.
¿Quién hubiera apostado por semejante escenario hace ocho meses?
En enero de 2018, en el momento del regreso del Tigre a los greens, incluso sus más entusiastas seguidores expresaron dudas.
Las opiniones en aquel momento eran casi unánimes: el ex número uno del mundo, leyenda de su deporte, andaba demasiado lejos del resto. Woods clasificaba entonces 656 del mundo y no había competido a un nivel convincente en tres años.
La brecha era considerable.
¿Su presencia en Saint Quentin, en Yvelines, donde competirán los Estados Unidos contra Europa en la Copa Ryder a finales de septiembre? Apenas un dulce sueño al que se agarraban pocos incondicionales.
