La derrota de Los Chankas como locales ante Deportivo Garcilaso por la fecha 13 del Torneo Apertura de la Liga 1 de Perú dejó un cierre cargado de tensión, polémica y un episodio poco habitual protagonizado por el panameño Abdiel Ayarza.
El encuentro, que se disputó con alta fricción durante los 90 minutos, terminó con una victoria clave para el Garcilaso. Con este resultado, Los Chankas se quedaron en 29 puntos tras 13 jornadas, ubicándose a tres unidades del líder Alianza Lima, lo que incrementó el nerviosismo en su entorno.
El pitazo final fue apenas el inicio del caos. El técnico de Los Chankas, Walter Paolella, encaró al arquero de Deportivo Garcilaso, Patrick Zubczuk, reclamándole por supuestas pérdidas de tiempo. La acción encendió los ánimos y derivó en una bronca generalizada con empujones, discusiones y la intervención de la policía dentro del terreno de juego.
El árbitro Jesús Cartagena se vio obligado a imponer orden en medio del descontrol, mostrando tarjetas rojas tanto al propio Paolella como al defensor de Garcilaso, Horacio Benincasa. Mientras tanto, los reclamos continuaban y la tensión se extendía incluso hacia los efectivos de seguridad.
Sin embargo, lo más llamativo ocurrió fuera del campo. A la salida del estadio, jugadores y aficionados quedaron separados por un portón, desde donde intercambiaban gritos y recriminaciones en un ambiente aún cargado.
Abdiel Ayarza, futbolista panameño que milita en Los Chankas de la Primera División de Perú, protagonizó un lamentable incidente al enfrentarse a los hinchas de su propio equipo, que le reclamaban por el mal resultado. El conjunto apurimeño cayó de local ante el Deportivo… pic.twitter.com/QX8ze7347F
— JC DE FUTBOL (@JCDefutbol) May 5, 2026
Fue entonces cuando Abdiel Ayarza, mediocampista de Los Chankas, tomó una decisión inesperada. Con la camiseta de juego aún puesta, el panameño trepó la reja que dividía a ambos grupos y se plantó frente a la afición rival sin resguardo de seguridad.
Ayarza abrió los brazos en señal de calma, en un gesto que sorprendió por su riesgo en un contexto hostil. Durante varios segundos, quedó expuesto ante los hinchas, pero la situación no escaló a la violencia. Ninguno de los presentes intentó agredirlo.
Acto seguido, algunos de sus compañeros abrieron el portón y se colocaron a su lado, acompañando la acción y formando un frente común ante la afición.
La imagen del panameño, solo frente a los seguidores en medio de un clima tenso, se convirtió en el símbolo de una jornada que desbordó lo futbolístico. Su accionar generó interpretaciones divididas: un intento de apaciguar los ánimos para algunos, una imprudencia innecesaria para otros.


