El presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, ya en apuros por la gestión del caso del dopaje ruso, se enfrenta ahora a una nueva crisis, el asunto de reventa ilegal de entradas para los Juegos Olímpicos de Río 2016, en el cual la policía brasileña quiere que declare “como testigo”.
El alemán, en el puesto desde hace tres años y que renunció asistir a la ceremonia de apertura de los Juegos Paralímpicos esta semana en Río, no contempla viajar "en breve" al país sudamericano.
Desde el COI precisaron que no hay por el momento una solicitud oficial para que declare Bach o alguno de los responsables del organismo.
"Queremos oír a Thomas Bach como testigo, pues su nombre aparece citado en dos correos electrónicos y queremos aclarar algunas dudas", informó el jueves en una conferencia de prensa un oficial de la Policía Civil de Río, Ronaldo Oliveira.
Esa convocatoria llega en un momento delicado para el titular del COI, que había terminado con un suspiro de alivio los Juegos de Río, que habían llegado tras semanas convulsas por la exclusión de deportistas rusos por el dopaje de Estado en su país.
El evento en Brasil no tuvo además los problemas que algunos temían, en un país sacudido por una crisis económica y política.
El sucesor de Jacques Rogge, elegido en septiembre de 2013, se ve ahora salpicado por el escándalo que estalló el 17 de agosto con el arresto de uno de los miembros más destacados del COI, el irlandés Patrick Hickey, sospechoso de pertenecer a una red de venta ilegal de entradas para los Juegos de 2016.
Bach no tiene por el momento pensado expresarse sobre el asunto. El máximo dirigente del COI tiene previsto visitar durante el fin de semana Croacia, por los 25 años del Comité Olímpico nacional, según una portavoz del COI.
Miembro del COI desde 1995, Hickey, de 71 años, fue encarcelado el 17 de agosto y luego dejado en libertad por motivos de salud. Tuvo, eso sí, que entregar su pasaporte, con una prohibición de abandonar el territorio brasileño.
El caso recuerda en cierta medida al que costó el puesto al francés Jérôme Valcke, exsecretario general de la FIFA y despedido por su presunta implicación en una red de reventa de entradas del Mundial de Brasil 2014.
En total, el tráfico alrededor de los Juegos Olímpicos de Rio generó una cuenta de "al menos 10 millones de reales" (cerca de 3 millones de dólares) según la policía, que se incautó de 781 entradas destinadas a ser revendidas por grandes cantidades, sobre todo de las ceremonias de apertura y clausura.
"Si él (Thomas Bach) entra en Brasil, vamos a convocarle para testificar, pero eso no le convierte en sospechoso", precisó el jueves en Río el comisario Aloysio Falcao.
Según el COI, Bach "por el momento no tiene previsto viajar a Brasil". Su ausencia en la ceremonia de inauguración de los Juegos Paralímpicos, que no se abrían sin el presidente del COI desde 1984, ya alimentó todo tipo de especulaciones.
En concreto, la policía brasileña quiere escuchar al presidente del COI por ciertos correos electrónicos intercambiados con Hickey sobre las entradas de Río 2016.
En julio de 2015, Hickey había enviado un correo a Bach para pedirle más entradas de las inicialmente asignadas, alegando que ya obtuvo más para los Juegos de Londres 2012.
"Bach no respondió, pero sabemos que Hickey obtuvo 296 entradas suplementarias para los Juegos de Río, y por eso queremos oír al presidente del COI", precisó el comisario Ricardo Barbosa de Souza.
El intercambio de correos fue encontrado en el disco duro del ordenador de Martin Burke, otro miembro del Comité Olímpico Irlandés, durante un registro efectuado por la policía en Río, en el hotel de la delegación irlandesa.
En caso de no viajar a Brasil, ¿podría declarar ante la justicia suiza, la del país donde tiene su sede el COI? El Ministerio Público de la Confederación (MPC), preguntado por la AFP, aclaró que este caso no es de su competencia.

