La conferencia de prensa del presidente de la Federación Panameña de Fútbol (FPF), Manuel Arias, no despejó la principal incógnita del fútbol panameño: quién dirigirá a la selección nacional en el próximo ciclo mundialista.
No hubo anuncio de continuidad para Thomas Christiansen, tampoco fechas concretas para una decisión y mucho menos detalles económicos, protegidos por cláusulas de confidencialidad. Sin embargo, entre líneas, el mensaje fue evidente: el entrenador hispano-danés sigue siendo la principal opción.
Después de seis años y 92 partidos al frente de la selección, el contrato de Christiansen expiró el pasado 30 de junio. Desde entonces, Panamá se encuentra oficialmente sin entrenador de la absoluta masculina. Aun así, Arias dejó claro que las conversaciones continúan y que el técnico forma parte del grupo de candidatos que analiza la Federación, aunque sin otorgarle todavía una renovación oficial.
Más que una rueda de prensa para anunciar una decisión, el encuentro sirvió para explicar la filosofía que guiará la elección. La FPF insiste en que el punto de partida no será el nombre del entrenador, sino la continuidad de un modelo deportivo construido desde 2020.
Jaime Penedo, asesor del Departamento de Desarrollo Técnico de la FPF, recordó que cuando Christiansen fue contratado primero se definió el estilo de juego que quería desarrollar Panamá y después se buscó al entrenador que mejor se ajustara a esa idea. Esa metodología, aseguró, seguirá siendo el criterio principal, independientemente de quién ocupe el banquillo.
Eso coloca a Christiansen con ventaja sobre cualquier otro candidato. Conoce el proyecto, fue quien lo implementó y sigue siendo el técnico que mejor representa esa identidad futbolística que hoy la Federación pretende institucionalizar, incluso por encima de los cambios políticos que llegarán con las elecciones de diciembre.
Otro aspecto que quedó prácticamente despejado fue el económico. Arias evitó confirmar cifras sobre el salario del seleccionador, pero sí aseguró que la Federación cuenta con los recursos suficientes para cumplir con las expectativas de cualquiera de los candidatos, incluido Christiansen, sin comprometer el funcionamiento del resto de los programas deportivos.
El mensaje puso fin a fake news porque durante semanas existió la percepción de que el aspecto financiero podía convertirse en el principal obstáculo para una renovación.
La dirigencia sostiene que no es así. El desafío no es pagar un contrato, sino hacerlo sin hipotecar proyectos como el fútbol juvenil, el futsal, el fútbol femenino y el resto de las áreas de desarrollo.
También resulta significativo el discurso que mantuvo Christiansen durante los últimos meses. Entre mayo y junio fue consultado en múltiples ocasiones sobre su futuro y nunca utilizó el Mundial como una despedida. Siempre respondió que su contrato concluía el 30 de junio y que después se analizaría la situación. Nunca afirmó que aquellos serían sus últimos partidos al frente de Panamá.
Ese lenguaje deja abierta una puerta que hoy continúa vigente. Todo indica que el deseo de seguir existe en ambas partes y que la negociación gira más alrededor de las condiciones del nuevo proyecto que de la voluntad para continuarlo.
Ahora bien, la continuidad tampoco puede analizarse únicamente desde la estabilidad. El balance del ciclo deja argumentos tanto para renovar como para replantear algunas áreas.
En el lado positivo aparecen la clasificación al Mundial 2026, la consolidación de una identidad de juego reconocible, el crecimiento competitivo frente a las principales selecciones de Concacaf y la presencia constante de Panamá en las fases decisivas de los torneos regionales.
Pero también existen asignaturas pendientes. Panamá cerró su segunda participación sin sumar puntos ni marcar goles. A eso se agregan las dos finales perdidas ante México durante el proceso, oportunidades que pudieron haber significado el primer gran título oficial de la selección en muchos años.
Quizá el punto más delicado sea la conexión entre las selecciones menores y la absoluta. Panamá ha clasificado a tres Mundiales Sub-17 entre 2023 y 2026 y ahora busca su octava clasificación mundialista Sub-20, segunda consecutiva. Sin embargo, ese crecimiento no ha estado acompañado por una integración sólida con la selección mayor.
La propia Federación reconoce que allí hubo una deuda. Penedo explicó que uno de los principales ajustes para el próximo ciclo será fortalecer la supervisión de las categorías inferiores y garantizar que exista una verdadera continuidad metodológica entre todas las selecciones nacionales, un objetivo que ya se intentó durante este proceso, pero que terminó perdiéndose con el tiempo.
Si finalmente Christiansen no continúa, tampoco parece existir espacio para improvisaciones. Arias descartó la figura de un técnico interino y dejó claro que el nuevo entrenador deberá ajustarse al mismo modelo deportivo. Incluso confirmó que la Comisión de Selecciones trabaja con varios nombres y que el proceso terminará con una terna final antes de elevar una recomendación al Comité Ejecutivo.
No son 444 candidatos, como ejemplificó -entre risas- Arias durante la conferencia, pero sí es razonable pensar que una selección que viene de disputar un Mundial y que se mantiene entre las protagonistas de Concacaf resulte atractiva para numerosos entrenadores con experiencia y metodologías compatibles con la visión de la FPF.
Sea Christiansen o un sucesor, la decisión también deberá convivir con un escenario político particular. El nuevo técnico será contratado por el actual Comité Ejecutivo, pero la administración que resulte elegida en diciembre tendrá la facultad de ratificarlo o poner fin al proyecto. Así están planteadas las reglas y la FPF pretende dejar esa posibilidad claramente establecida desde la negociación contractual.
El tiempo tampoco espera. En noviembre se jugarán los cuartos de final de la Liga de Naciones de Concacaf. El próximo 23 de julio se sortearán los grupos y los emparejamientos para Estados Unidos, México, Canadá y Panamá ya aparecen sembrados entre los 8 mejores.

