Entre respeto y una profunda emoción colectiva, Panamá le dio este viernes 11 de septiembre el último adiós a Ismael Laguna. Desde las 11:00 a.m., la Iglesia Santísima Trinidad se convirtió en el punto de encuentro de familiares, exboxeadores, dirigentes y aficionados que acompañaron al “Tigre de Colón” hasta su última morada, en una despedida acorde a la dimensión de su legado.
La presencia masiva reflejó el impacto de quien fue mucho más que un campeón, ya que fue una figura que marcó una época y que elevó el boxeo panameño a su máxima expresión. Laguna, fallecido el pasado 8 de septiembre a los 83 años, deja un vacío irreparable en el deporte nacional.
Hablar de Ismael Laguna es referirse a la esencia misma del boxeo en Panamá. Su talento, disciplina y estilo técnico lo convirtieron en el “ídolo de ídolos”, un referente indiscutible para generaciones de pugilistas que encontraron en él el modelo a seguir.
Su consagración llegó el 10 de abril de 1965, en una noche histórica en el estadio Juan Demóstenes Arosemena, cuando derrotó al puertorriqueño Carlos Ortiz para conquistar los títulos mundiales de peso ligero de la AMB y el CMB. Aquel combate no solo lo coronó campeón, sino que posicionó al país en la élite del boxeo mundial y encendió una pasión que perdura hasta hoy.
La rivalidad con Ortiz definió una era, mientras que su capacidad de resiliencia quedó evidenciada en 1970, cuando recuperó el título mundial tras vencer por nocaut técnico a Mando Ramos en Los Ángeles, consolidando su lugar entre los grandes de la historia.
Su récord profesional, con 65 victorias (37 por nocaut), 9 derrotas y 1 empate, está respaldado por un dato que lo distingue: nunca fue noqueado ni derribado, reflejo de una defensa excepcional y una lectura del combate fuera de lo común.
Fuera del ring, Laguna también dejó huella como ejemplo de disciplina y rectitud, valores que fortalecieron su figura como símbolo nacional. En 2001, su trayectoria fue reconocida con su ingreso al Salón de la Fama del Boxeo Internacional.
Este viernes, Panamá no solo despidió a un campeón, sino a una leyenda que definió una era. Ismael Laguna se marcha, pero su legado permanece intacto en la memoria deportiva del país.
