Se le presentó al Barcelona una oportunidad de recortar camino perdido en el clásico y no la desaprovechó. Necesitaba un momento así. Sentir la duda del líder y reafirmar sus convicciones. Y fue decisivo el despertar de Robert Lewandowski. Con 37 años sigue siendo el mejor goleador de la plantilla de Hansi Flick.
Hasta Balaídos no ha sido una temporada sencilla para Lewandowski. Vio mermada su importancia, apartado del once, con Ferran Torres como delantero centro titular. Condicionado por el físico y señalado por una lesión con su selección, Polonia, en un partido en la ventana de octubre en el que, ‘tocado’, se mantuvo en el terreno de juego y regresó con una lesión muscular a la Ciudad Condal.
En una cita clave para el paso al frente del Barcelona en LaLiga, Lewandowski regresaba a la titularidad y lo celebró con un triplete que le devuelve galones. Apenas era el quinto partido que comenzaba de los doce en los que participó en un curso cuya protagonismo decrecía.

Con ‘fecha de caducidad’ en un contrato que expira a final de temporada, cuyos emolumentos han ido creciendo por cada año de antigüedad en el Barça, en vez de ir decreciendo según se fue haciendo mayor. Pero en el fútbol actual, como sigue demostrando Luka Modric con 40, y va camino Lewandowski con 37, la edad importa cada vez menos y hay privilegiados que pueden extender sus carreras lo inimaginable hace años.
Y a Robert nunca le faltará el gol. Su recital en Vigo, en una primera parte que estará a final de temporada entre las más bonitas del campeonato liguero, lo inició marcando de penalti. Tumbó la reacción del Celta castigando un pequeño despiste de su defensor, para ser letal a la brillantez como asistente de Rashford.
Y sentenció, ya en el segundo acto, con un salto imponente en el primer palo para peinar un saque de esquina convirtiéndose, pese a tener menos minutos, en el máximo goleador liguero del Barcelona con siete dianas. El poder goleador de Lewandowski está de vuelta. E
