Ni el picante calor ni la intensa humedad frenaron la emoción de una mañana especial en Barrio Sur. La gente llegó temprano, algunos con gorras y camisetas de Colón, otros con celulares listos para capturar el momento. Era un día distinto. Un día importante para el deporte colonense.
Después de años de espera, el estadio Roberto Mariano Bula volvía a abrir sus puertas.
Entre las calles 11 y 13, donde durante décadas el béisbol ha sido parte de la identidad de Colón, se respiraba una mezcla de nostalgia y orgullo. El estadio, con capacidad para cinco mil aficionados, luce ahora grama sintética de última generación y un cuadro interior de arenilla que resalta bajo el sol del mediodía.

Pero más allá de la infraestructura, lo que dominaba el ambiente era la sensación de regreso. Porque Colón vuelve a tener casa.
Esta misma noche, cuando se escuche el esperado grito de playball, los colonenses verán a su equipo enfrentar a Chiriquí en el inicio del Campeonato Nacional de Béisbol Mayor. Un duelo que en la última década se ha convertido en una de las rivalidades más intensas del torneo.
Antes de ese primer lanzamiento, la inauguración reunió a figuras que forman parte de la historia deportiva de la provincia.
En el terreno estaba el invitado especial de la jornada, el legendario cerrador panameño Mariano Rivera, pero también leyendas colonenses como Alberto Rocambo Acosta y los hermanos Julio y Jorge Dely Valdés, recordando una época en la que el estadio era escenario de múltiples deportes.
Jorge Dely Valdés caminaba por el terreno con una mezcla evidente de nostalgia y admiración.
“Nosotros veníamos todas las tardes a jugar aquí”, recordó.
“Jugábamos fútbol, béisbol, lo que fuera. Armando, Julio y yo empezamos con el béisbol en infantil. Después, como a los 12 o 13 años, nos dedicamos al fútbol”.
Pero el estadio también guarda para él una anécdota especial.
“Un día vine a birrear y estaba practicando la preselección juvenil de béisbol. La mayoría de los jugadores habían jugado con nosotros cuando éramos niños. Me invitaron a entrenar y terminé jugando la juvenil en 1985”, contó. “Ese año Colón fue campeón”.
Han pasado décadas desde entonces, pero para Jorge Dely Valdés volver al Mariano Bula tiene un significado especial.
“Esto es una hermosura, algo merecido para nuestro pueblo”, dijo mientras observaba las nuevas tribunas.
Su hermano Julio Dely Valdés tampoco ocultaba su sorpresa al recorrer las instalaciones.
“Quedé impresionado cuando entré”, confesó.
“Cuando me acerqué al césped me di cuenta de que es una superficie artificial de muy buena calidad. La verdad es que es un estadio digno para el colonense”.
Los hermanos recordaron que este mismo escenario también albergó fútbol durante muchos años.
“Nosotros jugábamos fútbol aquí mismo, donde ahora está el césped”, explicó Julio.
“Incluso aquí se jugó una eliminatoria mundialista entre Panamá y Honduras”.
Pero más allá de los recuerdos, ambos coincidieron en que el nuevo estadio puede convertirse en un impulso para las futuras generaciones.
“Colón produce muchos deportistas”, dijo Julio.
“Y cuando tienes instalaciones así, eso anima a los jóvenes a practicar y aprovecharlas”.
El Inmortal
El orgullo de la jornada también se reflejaba en las palabras de Mariano Rivera.
El Expreso de Puerto Caimito y miembro del Salón de la Fama del béisbol de las Grandes Ligas observaba el estadio con satisfacción mientras hablaba con los presentes.
“Para mí es algo especial estar aquí en Colón entregando este estadio tan hermoso para el pueblo colonense”, dijo Rivera. “Se lo merecían”.

El exlanzador destacó el valor que el nuevo escenario puede tener para el desarrollo deportivo de la provincia.
“El deporte aquí es esencial. Colón sabe hacer deporte”, afirmó. “Este estadio va a ser mucho para nuestros jóvenes”.
Rivera también recordó los años en que el equipo colonense tuvo que jugar lejos de casa.
“Ahora Colón vuelve a su propia tierra, apoyado por sus fanáticos”, señaló. “Y qué mejor que tenerlos aquí”.
Desde el punto de vista técnico, la obra también implicó importantes ajustes.
Ajustes
El director de Pandeportes, Miguel Ordóñez, explicó que una de las primeras decisiones fue mejorar el sistema de drenaje del área, tomando en cuenta que gran parte de la provincia está ligeramente por debajo del nivel del mar.
“Levantamos el terreno de juego alrededor de 50 centímetros sobre una capa de piedra lavada y arena”, explicó.
“Eso garantiza que el estadio tenga drenajes apropiados”.
También se optó por instalar grama sintética, una decisión vinculada al clima de la región.
“Sabemos que en Colón llueve mucho y este tipo de superficie es más fácil de mantener”, añadió.
El resultado es un estadio moderno que, según Ordóñez, utiliza la misma tecnología presente en parques de Grandes Ligas como Rogers Centre y Globe Life Field.
Porque cuando caiga la noche y el primer lanzamiento viaje hacia el plato, el estadio dejará de ser una obra recién inaugurada.
Y volverá a ser lo que siempre fue para los colonenses. Su fortín.
Un lugar donde cinco mil voces pueden unirse en un solo grito que ya forma parte de la identidad deportiva de la provincia.
“Beep beep… Colón.”

