Con los años el fútbol ha cambiado y hoy un partido ya no lo gana un solo jugador, menos tratándose de una selección que compite en un torneo continental. Maradona y Pelé marcaron una diferencia en sus épocas, pero los dos siempre estuvieron acuerpados por un grupo de compañeros que los apoyó, que los hizo ser más funcionables y más grandes para sus seleccionados. Los dos ganaron mundiales, pero nunca una Copa América.
Hoy el fútbol se juega con velocidad pura, donde el jugador tiene que pensar en fracciones de segundos. Así se palpó en la final de la Copa América Centenario 2016 entre Chile y Argentina. Los dos no regalaron nada, por eso las escasas ocasiones de gol en 120 minutos. Sin embargo, me pareció que Chile jugó más como grupo, Argentina, en cambio, dependía de lo que hiciera Messi.
Esta generación de chilenos ha sorprendido por la manera de haber jugado las dos finales de la Copa América, siempre lo hacen en bloque cuando atacan y cuando defienden, indistintamente del sistema que utilicen, no dan libertades, a Messi lo bloquearon.
Impresionó la capacidad de reacción de los chilenos para cortar avances y para atacar. Los que piensan que Messi fue un "pecho frío", no lo creo. Al astro del Barcelona no lo dejaron jugar y cuando intentó hacerlo siempre estuvo presionado por 1, 2, 3, 4 y hasta 5 jugadores. En esos momentos no tuvo la solidaridad de sus compañeros y se le vio solo.
Las dos finales de la Copa América que le ganó Chile a Argentina son muy particulares, no se trataba de ningún club de España o de la Champions con los que Messi acostumbra a jugar en el Viejo Mundo. El domingo Chile era el campeón de América, con una generación que vive un momento de ensueño. Campeón como lo fue España en la Eurocopa pasada. Ni mucho más ni mucho menos. El seleccionado chileno siempre se presentó como un rival complicado. Sus jugadores se prepararon para jugar final y para ganarla, por eso las ganas, la garra y el coraje que mostró cada uno de los integrantes de ese plantel. Fue impresionante su temple en cada espacio de la cancha, incluyendo los que entraron como cambio. Esa fue la gran diferencia en la final donde uno jugó más en equipo que el otro.
Un duelo en el que antes de jugarse se venía como un enfrentamiento entre un fajador y un estilista, viéndose desde el punto de vista boxístico, pero al final los dos terminaron siendo fajadores, y aunque el marcador no se alteró, a los chilenos se les vio más enteros.
Ya los penales es una lotería. Me parece que Argentina estaba más presionada. Y más cuando veían como su mejor jugador erraba desde un comienzo. Pero no deja de ser una lotería, era para cualquiera.
Al final el partido lo ganó (por penales) Chile, no Vidal ni Sánchez, y lo perdió Argentina, no Messi ni Mascherano. Son 11 los que ganan y 11 los que pierden, más los cambios.
