Además de poner a temblar las casas de apuestas, Arabia Saudita “pateó la mesa” con su victoria de 2-1 este martes ante Argentina, resultado que deja a la albiceleste con un mar de interrogantes en el Mundial de Catar, frente a los dos partidos que tiene por delante: México y Polonia.
Pero sería bueno analizar el juego con una mirada fuera de lo técnico, pero más práctica y relajada.
Empecemos, “en papel” Argentina sin duda era el inmenso favorito, pero ya sabemos que “el papel aguanta todo” y los sauditas “echaron por tierra los pronósticos”.
Algunos decían que era un juego ganado; “el ganado son reses” y como bien señala la abuela: “no cuentes los pollitos si no los tienes en la mano”. Es sabido que “Los partidos hay que jugarlos y ganarlos en el terreno”, no en las gradas ni en los medios.
A esto le sumamos el recordado mensaje: “El que no hace los goles, los ve hacer” y Arabia Saudita marcó los necesarios. Sí, Argentina estuvo a centímetros de sentenciar el partido en la primera parte, pero eso quedó invalidado por el fuera de juego y en el deporte está claro que eso de: “mereció ganar” y que “no siempre ganar el mejor” es romanticismo.
Tan sencillo, los Halcones Verdes merecieron ganar porque hicieron los goles. En esta oportunidad “al mejor cazador se le fue la liebre”, perdón pero no eran liebres, eran unos Halcones humildes que también saben cazar.
Si bien Messi y sus compañeros decepcionaron en este primer partido, me parece que no es momento para “hacer leña del árbol caído”, porque el equipo sigue con opciones y puede “levantarse de los escombros”, como lo han hecho otras grandes selecciones.
Argentina no está muerta, incluso como dicen en la campiña “hay muertos que cargan leña”. Siguen con vida, “la esperanza es lo último que se pierde”, aunque me decía un estimado profesor que “la esperanza es la prolongación de la agonía”. “Amanecerá y veremos”.

